Correos de la Lista del MAESTRE 12Del 10 de abril del 2003LAS 7 PLAGAS DEL SIGLO Es mi
obligación escribir lo que me fue revelado en su momento.
La humanidad tiene derecho a saber. El
que tenga ojos, que lea. SIETE
fenómenos que nos cambiarán para siempre. 1. UN
CONTAGIOSO VIRUS DE
TOLERANCIA.
Sent: Thursday, April 10, 2003 1:23 AM Subject: [Lista del Maestre] Jugo Licuando semillas de girasol sin cáscara, ciruelas pasas y papaya (si desea
Pax Sent: Thursday, April 10, 2003 1:21 AM Subject: Árbol del neem Aquí les envío una información muy interesante acerca de un árbol
curativo llamado NEEM, si quieren
utilizarlo en cualquiera de los padecimientos que ahí se describen por favor
háganmelo saber, estamos en la
etapa de introducción de este producto y queremos probar sus beneficios. Existen
muchos casos
comprobados en Sonora y Sinaloa, aquí en México y existen muchas otras ciudades
en el mundo que lo han
adoptado. Mi mail es guio21@yahoo.com y
vivo en Guadalajara, Jalisco, México.
From: EDUARDO PALMA Sent: Thursday, April 10, 2003 11:49 AM Subject: Re: [Lista del Maestre] RV: [hacia-tu-angel-solar] Qué es la espiritualidad ? Felicitaciones por lo del Maestro OSHO......... From: Dr. Arturo Alvarez Bravo Sent: Thursday, April 10, 2003 11:59 AM Subject: [Lista del Maestre] Frugivorismo y las Propiedades de las FRUTAS. FRUGIVORISMO La constitución anatómica y fisiológica del hombre es la correspondiente a un ser del tipo FRUGÍVORO. El ser humano solo debería comer aquello que contenga gérmenes de vida como corresponde a su naturaleza superior, por lo tanto la alimentación ideal del humano perfecto es la de frutos crudos. Aparte de ser los frutos aquellos alimentos que, bajo el punto de vista fisiológico, armonizan con su organismo de una manera perfecta, son también los que, extremando las propias exigencias, permiten realizar un ideal constructivo y de inofensividad, ya que para procurárnoslos no necesitamos privar de la vida a ningún animal ni vegetal. Es la alimentación que no exige destruir. El árbol o la planta nos brinda sus frutos, verdaderos acumuladores de la energía solar, sin que para ello tengamos que cortar su vida que también nos da sombra, frescura y deleite. Hasta la misma semilla es arrojada íntegra a la tierra o eliminada en las deposiciones con el más eficaz de los abonos. Mas, el hombre no solo debe comer frutos, sino que los debe comer crudos para aprovechar íntegramente su valor nutritivo y sus factores de vitalización que, como hemos de ver, sufren importante merma bajo la acción del fuego. La alimentación de frutas, por las condiciones fisiológicas de su ingestión, va unida a una sobriedad natural que no exige esfuerzos de contención. Además es completa porque contiene albúminas suficientes (nueces, almendras, etc.), hidrocarbonados ( féculas y azúcares) en gran cantidad (bananas, uvas, manzanas, peras, almendras, etc.), grasas en abundancia (nueces, aceitunas, almendras, cocos, etc.), siendo, como sabemos la fuente más importante de provisión de vitaminas y sales minerales vitalizadas. El frugivorismo es la más alta expresión del vegetarianismo, es el único sistema de alimentación que no ofrece contradicciones desde los diferentes puntos de vista, que en general se tienen en cuenta al abordar una alimentación más sana, por ejemplo: ético, moral, religioso, ecológico, medicinal, o nutricional. Es en los frutos, donde el árbol o la planta acumula la mayor cantidad y calidad de energía, pues en las semillas se encuentra toda la información genética para el desarrollo de una nueva vida, para la conservación de su especie, de los frutos saldrán los nuevos hijos, la descendencia; y generalmente cubriendo esa semilla (o reservorio genético) hay una pulpa que protege esa valiosa semilla, esa pulpa esta colmada y desbordante de energía solar en su más sublime versión, protegiendo la vida y promoviéndola, por eso al ingerir este tipo de alimento se está aprovechando al máximo la energía solar, que es, en definitiva lo que directa o indirectamente el ser humano toma de los diferentes alimentos para nutrirse. Lo más recomendable es siempre alimentarse con los frutos naturales del lugar donde se vive, y justo en el momento que el árbol o la planta los deja caer al suelo, ese es el momento óptimo. No existe en la naturaleza nada
que supere en calidad alimenticia a las frutas. Manuel Alfredo Martí, Presidente de
UVA
PROPIEDADES Y CARACTERÍSTICAS DE LAS
FRUTAS: ACEITUNAS: ALMENDRAS: ANANÁ (PIÑA): AVELLANAS: Son un gran alimento de formación de tejidos (por sus albúminas), de fuerza (por sus azúcares), generador de calor (por su grasa) y mineralizador (por sus sales), o sea un alimento completo, un verdadero tesoro alimenticio. BANANAS: Su pulpa, blanda y sabrosa, es un excelente alimento para niños y viejos, ya que tiene un gran poder antirraquítico, y en algunas regiones donde se cultiva, se consume en lugar de pan. Con su cáscara se hacen cataplasmas muy beneficiosas para casos de torceduras o magulladuras con tendencia a inflamarse. CALABAZA (ZAPALLO): CASTAÑAS: Son de un valor nutritivo comparable al de las almendras, y como estas deben ser bien masticadas. CEREZAS: Muy recomendables en enfermos uricémicos, artríticos y gotosos, ya que son gran neutralizantes del ácido úrico, por contener ácido salicílico y químico. Es la fruta que contiene mayor dosis de vitamina C con excepción de la guayaba. Muy aconsejable para el crecimiento en los niños, debido a su contenido de sustancias minerales. CIRUELAS: Su riqueza en azúcares y ácidos alcalinizantes la hacen un alimento muy energético, un gran laxante y desintoxicante. Desecadas aumentan su poder energético, pues pasan a contener un 50 % de azúcar. Son indicadas para tratar el estreñimiento, las congestiones hepáticas y el reumatismo. Se pueden ingerir frescas desde diciembre hasta marzo, y secas durante todo el año. COCOS: El agua de coco contenida en su interior tiene admirables propiedades mineralizadoras, purificadoras de la sangre y útiles contra la amebiasis intestinal. Es un alimento de los países cálidos y gran productor de fuerza. DAMASCOS (ALBARICOQUES): Son de fácil digestión y se consiguen frescos en los meses de noviembre, diciembre y enero. Tienen propiedades mineralizadoras y laxantes. Solamente superados en valor nutritivo por las uvas y las bananas. Su composición es muy parecida a la de los duraznos. DÁTILES: Constituyen el alimento nacional de los árabes. Sus propiedades terapéuticas actúan contra los catarros bronquiales y combaten las diarreas de los niños. DURAZNOS: Abundan desde diciembre hasta marzo. FRUTILLA (FRESA): En casos de fiebre tifoidea, las frutillas exprimidas en agua es una bebida refrescante y desinfectante porque contiene un fermento bactericida que mata los gérmenes, en particular los del tifus. Sus flores en infusión alivian malas digestiones. Crece a ras del suelo, por este motivo debe lavarse muy bien, si es posible dejándola en remojo un tiempo. GRANADAS: GUAYABAS: HIGOS: Estos frutos se consiguen frescos desde noviembre hasta febrero. LIMAS: LIMONES: Conviene que advirtamos la posibilidad de una desmineralización de la sangre por el abuso del limón, sobre todo, en personas artríticas. MANDARINAS: Ver Naranjas. MANGOS: Purifica la sangre y es un buen alimento. MANÍES: MANZANAS: MELÓN: MEMBRILLOS: Tiene características astringentes,
por lo que no convienen a los estreñidos. Se cosechan en marzo y abril. MORAS: Son depurativas, contienen potasio, fósforo, calcio y vitamina C. NARANJAS: Son uno de los frutos más valiosos de la naturaleza, un verdadero tesoro de la alimentación. Sumamente nutritivos, proporcionan al organismo una gran cantidad de azúcar de fácil asimilación, laxantes por su celulosa y desinfectantes del intestino por su ácido cítrico, de ahí su insustituible utilidad en las enfermedades febriles de origen intestinal. Las afecciones en la garganta se alivian considerablemente haciendo gargarismos. Las hojas en infusión, combaten las afecciones cardíacas. La naranja es el fruto más perfecto de la creación, porque es el que más tarda en formarse, y en su seno lleva la más acabada condensación de energía solar. NÍSPEROS: NUECES: También contienen vitaminas B1 , B2 , y C. Una nuez debe ser masticada entre 70 y 90 veces, y quien tenga mala dentadura deberá ingerirla en forma de horchata o leche. Su albúmina reemplaza con ventaja a la de los huevos y la leche vacuna, por no alterarse fácilmente. Un vegano puede comer entre 25 y 100 gramos por día, pero cuando en el día se ingieren otras oleaginosas, se deben regular las cantidades para que no sobrepasen estas cantidades. PALTAS (AGUACATE): De muy fácil digestión, está
recomendada para los dispépticos. PAPAYA: PERAS: Son recomendadas para nefríticos, diabéticos, convalecientes, hipertensos, sanos y enfermos. Son buen alimento, laxantes y purificadoras, se usan con éxito en enfermedades intestinales y de la nutrición. Muy efectiva contra la hipofunción de la glándula tiroides, por su contenido en yodo. Se consiguen desde enero hasta abril. POMELO (TORONJA): SANDÍA: Aconsejada para los reumáticos en general, pues ayuda a eliminar los ácidos acumulados en el organismo. Es muy refrescante, diurética y mineralizadora. Puede aplicarse a ella lo que dijimos del melón con respecto a la cantidad y al modo de comerlo. TORONJA (POMELO): UVAS: Frescas contienen 1 % de albúminas y 1 % de sales minerales vitalizadas (sulfatos, fosfatos, silicatos, citratos, malatos y racematos) y 20 % de azúcar (levulosa) de muy fácil asimilación, que las convierte en un magnifico alimento muscular; en pasas (o sea secas) contienen 2 % de albúminas, 1,5 % de sales y 60 % de azúcar asimilable, por lo que son uno de los alimentos que más nutren con menos peso. Aplicadas en todas las manifestaciones del artritismo (reumatismo, litiasis, gota, etc.) bajo el nombre de cura de uvas, también evitan la acumulación de depósitos calcáreos en los tejidos (característicos de la vejez) y regula el cambio de sales calizas en los órganos del crecimiento por lo que son tan valiosas para los niños. Las uvas aumentan la secreción biliar, estimulan los centros nerviosos, fortalecen la circulación y proporcionan vigor y pureza a la sangre. Debido a sus ácidos libres, tienen propiedades antiinflamatorias y reguladoras de las secreciones. Insustituibles en el tratamiento de inflamaciones y desarreglos del tubo digestivos (hígado y bazo), afecciones respiratorias y circulatorias, cálculos, enfermedades de los órganos genitourinarios, mala nutrición, convalecientes, intoxicaciones, etc. Su cáscara se usa en frotaciones o en compresas, para aliviar el reuma y la gota, en forma de cataplasma sobre el vientre alivia considerablemente las inflamaciones intestinales. Se puede consumir fresca de enero hasta julio, y en pasas todo el año. Con solo tres kilogramos de uvas por día se puede vivir y aún aumentar de peso. From: Dr. Arturo Alvarez Bravo Sent: Thursday, April 10, 2003 12:44 PM Subject: [Lista del Maestre] Inconsistencias en la Justificación de la Crueldad hacia los Animales
Inconsistencias Argumentativas en la Justificación de la Crueldad Humana hacia los Animales Introducción La necesidad de justificar sus propias acciones es una de las ocupaciones favoritas del ser humano. Un sinfín de pretextos ingeniosos y útiles para dar rienda suelta a su crueldad, a su codicia, a su avaricia, y también, lisa y llanamente, a su pereza son esgrimidos sin descanso por parte de quienes se benefician de algún modo, como consumidores o como explotadores del sufrimiento animal. A lo largo de la historia, ninguna otra circunstancia ha estimulado tanto y de tan buen grado el ingenio argumentativo de la raza humana como el concerniente a por qué razón - y respaldados por qué derechos - capturan, torturan, explotan y suprimen la vida de otros seres vivos para beneficio propio. ¿Hay algo tan cruel cómo alimentarse del sufrimiento ajeno? ¿Cómo esperamos obtener vida si nos alimentamos de la muerte, un cadáver en estado de putrefacción? ¿Podría ser posible que en su trayecto a lo largo de la historia estuviera la raza humana mutando hacia una especie indeterminada de monstruosidad genérica, y que se hallara en franco trance involutivo? ¿Serán acaso, como supone en uno de sus recientes trabajos el filósofo argentino José María Silvestri [1], un puro error conceptual, un trágico malentendido, todas nuestras orgullosas ideas acerca de que nuestra especie se despliega evolutivamente -esto es, que va mejorando generación tras generación-?. Seremos, después de todo miembros de una especie que involuciona poco a poco rumbo a una animalidad simiesca. Tal vez, en algún recodo de nuestro futuro próximo, nos esté aguardando la inaudita imagen de nosotros mismos convertidos en seres depredadores y asesinos, no muy diferentes de nuestro ancestro cavernícola, pero, a diferencia de aquél, gratuitamente bestiales e innecesariamente implacables. Aunque resulte difícil de creer, el hombre actual se encuentra tan ciego en esta cuestión que tiene ante sus propios ojos la muerte y el dolor, mas no puede verlos. Tiene diariamente en su plato de comida un pedazo de animal muerto y encuentra a la situación como lo más natural del mundo. ¿Tan ciega y anestesiada está su sensibilidad?. Es que la prédica propagandística repetida día y noche desde distintos medios, ha surtido efecto. Como subterfugio para su cruel accionar, busca justificarse y concederse ciertos permisos, o convencerse a sí mismo de que matar y hacer sufrir a animales no humanos, después de todo no son cosas tan malas. Ahora bien, no contento con dar un solo argumento definitivo que justifique su crueldad, se ha fabricado decenas de ellos, los más representativos de los cuales serán explorados y cuestionados desde una perspectiva filosófica según el siguiente orden expositivo :
Capítulo
1- Argumento Religioso.
Notas
Bibliográficas: Capítulo 1: Argumento Religioso Su principal característica consiste en invocar el prestigio de algún texto sagrado (como por ejemplo la Biblia) para continuar con la carnicería. De este modo, asesinar animales para consumo humano porque lo dice un texto sagrado quedaría avalado por la supuesta palabra divina. Dicha palabra estaría autorizando a la especie humana explícitamente a sacar provecho de los animales no humanos, como si se tratara de meros objetos al servicio nuestro. Tal y como lo proclama la Biblia [2]. Ante todo, la mera mención de un pasaje extraído del texto bíblico - o de cualquier otro texto que reclame para sí alguna inspiración de origen divino - no parece como argumento muy válido. La Biblia ordena a hacer muchísimas cosas que el defensor de esta idea no estará, seguramente, dispuesto a obedecer. No estaría, por ejemplo, dispuesto a seguir ciegamente el precepto de que su prójimo es tan importante como él mismo, o que los hijos de ese prójimo son tan importantes como los propios. Por otro lado, por qué habríamos de reconocer a la Biblia como único texto divino. De hecho cientos de millones de seres humanos son tan indiferentes al Pentateuco y a los evangelios que si mañana mismo desapareciesen éstos por completo de la faz de la tierra no experimentarían ninguna emoción perceptible. Si hemos, pues, de admitir como sustento de una conducta cruel el hecho de que el responsable de dicha conducta aduzca en su beneficio algún texto pretendidamente sagrado, nos encontraríamos enseguida con que hay centenares de textos antiguos, mucho más antiguos que la Biblia y por lo menos igual de respetables, que recomiendan a sus adeptos prácticas tales como los sacrificios humanos, el canibalismo, la rapiña y la guerra santa. ¿Vamos entonces a aceptar que invocando su peculiar fanatismo pueda cada fanático de este mundo hacer daño a discreción? Si la respuesta a este interrogante es “ no ”, entonces también deberá contestarse con un rotundo no a la pretensión de que se mate, cocine, y coma un animal bajo el repulsivo pretexto de que así me lo permite el génesis. (¿Realmente lo dice?). Como yo apunté antes, no deja de resultar harto sospechosa esta adhesión radical de algunas personas a ciertos pasajes de la Biblia. Uno echaría de menos idéntico fervor cuando se tratara de seguir el mandato, bíblico también, de “no matar ”, “no robar”, “ no codiciar la mujer del prójimo”. Pero resulta que el mismo fervoroso adepto a comer cadáveres es completamente indiferente a genocidios masivos. Por ejemplo: ¿Se niegan o se han negado históricamente los cristianos obedientes a la Biblia a hacer la guerra o a exterminar a los nativos de un lugar ?. La respuesta es no. Quiere decir que en esto de invocar a las Sagradas Escrituras hay mucho de oportunismo y de pereza mental.
Notas
Bibliográficas: Capítulo 2: Argumento Racionalista-Antropocéntrico ¿Por qué dar a éste el nombre de argumento racionalista? La razón es sencilla. El racionalista a crítico parte, en su trato con el mundo, de una premisa básica sobre la cual edifica toda consideración posterior. La premisa es ésta: Hay una estructura ordenada del universo de la cual su propia mente racional es un reflejo correlativo. Para el racionalista, entonces, el modo en que está construido y opera el universo en torno tiene por sustento una serie de relaciones inteligibles entre partes. Su mente deberá descubrir dichas relaciones a través de conceptos.
Algunas partes estarán subsumidas en otras en relación de importancia variable de géneros y especies. Así, el hombre pertenece a una especie que se encuentra subsumida en el género mamífero, subsumido a su vez en el concepto más amplio de “animal”. El idéntico proceder aplica el racionalista en relación con el mundo moral. Hay cosas más y menos valiosas de acuerdo a la escala que ocupen dentro de dicho mundo ordenado. La vaca ocupa un lugar inferior al del ser humano, y por lo tanto subordinado al beneficio de éste. Por lo tanto, para el racionalista, comerse un animal no es más que el acto por el cual una especie superior aprovecha a otra inferior (eso es racionalización, hay que ver si al racionalista en su fuero interior le conviene). Este argumento sostiene, en líneas generales que la superioridad intelectual que el ser humano exhibe respecto de los animales le estaría habilitando a disponer de ellos como de un botín de guerra. Capturarlos, matarlos y comérselos no sería un crimen, sino un derecho tan obvio e indiscutible como el de cambiar de lugar los muebles de la propia casa.
Este curioso argumento de la “superioridad”, compromete, sin embargo, a sus defensores a un tipo de coherencia intelectual que pocos de ellos están dispuestos a seguir hasta sus últimas consecuencias. Porque si la mera superioridad de un ser cualquiera sobre otro es en verdad justificativo de la apropiación de la vida del segundo a manos del primero, cabe preguntarse si el victimario en cuestión, tan orgulloso de su superioridad, aceptaría como natural que un tercero superior a él lo esclavice y mate, o esclavice y mate a sus hijos. Casi con seguridad, el victimario estallará aquí en enojo al sentirse aludido, y enseguida modificará ligeramente el matiz de su discurso. Dirá que no es la superioridad de un ser humano respecto de otro, sino la de una especie respecto de la otra especie la que legitima su accionar. Esto es históricamente falso. Durante siglos, los seres humanos observaron impertérritos cómo la esclavitud se propagaba por el planeta. Y lo observaban tan indiferentes como asisten hoy a la matanza organizada, publicitada y comercializada de seres indefensos. Como puede verse, la costumbre de presenciar actos crueles - o de saber que estos se llevan a cabo - suele obrar a modo de anestésico de nuestras conciencias. Antes miraban los seres humanos cómo otros (siempre “los otros” ), se dedicaban al tráfico de esclavos, y hoy, con idéntica pasividad, asisten sin una queja al tráfico vergonzoso de animales. Ello sin perjuicio de participar activamente de la matanza en calidad de consumidores. Además, al argumentar que las especies superiores se comen a las inferiores, ¿una especie superior a la nuestra tendría derecho a eliminarnos a todos y a recolonizar el planeta?. Otro de los argumentos con el que se acostumbra sostener esta idea radica en invocar la cadena alimenticia y una presunta e inexorable ley de la vida, donde el pez más grande se come al más chico. Una ley de la vida, nada menos. Extrañamente, quienes habían enarbolado antes con tanta insistencia los estandartes de la superioridad intelectual humana sobre los animales, se llamará repentino silencio en este punto. Resulta que, a pesar de la zarandeada capacidad racional de nuestra especie, los miembros de el estamos forzados a someternos servilmente a ciertas leyes biológicas solo porque estas mismas leyes someten al resto de los animales. ¿Por qué hay que matar? Porque el tigre mata. Pero, ¿no era el hombre superior al tigre, y, en consecuencia, capaz de sobrepasar las posibilidades simples, instintivas y limitadas de un tigre? Si no es capaz de vencer esta presunta ley que lo ata a la costumbre de asesinar para comer, es porque no quieren algunos y no les conviene a otros. ¿Desde cuándo la ley de la vida es asesinar otras especies? Sería mucho más lógico llamarlo LA LEY DE LA MUERTE. Citando a la naturaleza podemos observar que no todos los animales necesitan matar a otras especies para alimentarse. Acaso se vio a una vaca o un pollo matando a otro animal cuando estos no están provistos de garras, ni colmillos. Yo veo mis manos y no son garras como la de un animal carnívoro, sino más bien las veo dotadas para recoger frutos y sembrar la tierra. Los dientes de los seres humanos no están preparados para triturar carne, sería ir contra mi naturaleza. Mi saliva e intestinos tampoco son adecuados para el consumo de carne. Entonces, ¿los seres humanos por naturaleza somos depredadores y asesinos de otras vidas animales?. Si así fuera, la misma naturaleza nos habría provisto de saliva, intestinos, garras, y dientes adecuados. También se argumenta situando al hombre como elemento único del universo, el hombre como única especie racional (ninguna especie puede sufrir como nosotros). La opinión de que los animales son autómatas la lanzó el filósofo francés René Descartes en el siglo XVII [3]. En su libro sobre Liberación Animal, el profesor Singer dice: Es obvio para la mayoría de la gente, entonces y ahora, que si clavamos sin anestesia un cuchillo afilado en el estómago de un perro, el perro sentirá dolor. Las leyes en la mayoría de los países civilizados confirman que esto es así prohibiendo la crueldad gratuita con los animales [4].
Notas
Bibliográficas:
Aquí se argumenta que la abolición de la masacre y explotación animal sería contraproducente para la economía de un país. Sostiene, pues, este argumento que, con independencia del grado de compasión que inspire a los hombres sensibles la matanza de animales, está bien claro que el andamiaje económico de un país moderno (sobre todo un país moderno de tradición agrícola ganadera), tiene en el rubro “carnes” a uno de sus pilares fundamentales. En efecto, los procesos de cría, reproducción y faenamiento, así como los de acarreo, congelamiento y comercialización (interna y externa) no solamente agregan al país en cuestión una masa nada desdeñable de inversiones, circulación de bienes y saldos exportables, sino que también, por añadidura, emplean en su proceso, a través de la contratación y promoción de servicios, a miles de asalariados y contratistas; éstos, a su vez, gastan luego en el mercado sus ganancias, lo cual beneficia entonces indirectamente a otros rubros del quehacer nacional y global. Todo esto es cierto. También es cierto que en la antigüedad y en el siglo pasado, la esclavitud de mano de obra (no muy diferente de la que impera hoy en el mercado libre, pero además avalada jurídicamente) era considerada inseparable del concepto de prosperidad que permitía crecer a esos países. ¿Habremos de justificar, entonces, aquellas y otras espantosas aberraciones legales y humanas sólo porque su implementación sistemática resultaba ser beneficiosa para las economías respectivas? ¿Basta, acaso, a algo con ser necesario para ser también imprescindible y pretextable?
En Estados Unidos, la supresión de la esclavitud conllevó la desaparición de toda una industria doméstica intensiva de cultivo algodonero, cuyas altísimas tasas de rentabilidad situaron durante décadas a la sociedad sureña de la Unión a la cabeza del mundo exportador internacional. Su influjo se extendía con magníficos tentáculos a todos los segmentos de la industria textil, la cual, por aquellos años, florecía en Lancashire, Inglaterra. ¿Justificaba, pues, este florecimiento la institución de la esclavitud? Es de suponer que no muchos se atreverían a dar una respuesta afirmativa al anterior interrogante. Pero esos mismos que se hallan tan prontos a escandalizarse ante la esclavitud que practicaban sus abuelos, permanecen indiferentes cuando ante sus propias narices se diezma a toda una especie animal en provecho del comercio. Hasta los argumentos se parecen: la presunta superioridad de un ser sobre otro habilita al primero a esclavizar al segundo. De modo que despotricamos contra el fascismo que habla de razas superiores, pero pagamos y enriquecemos a gente para que mate animales por nosotros y nos lo sirva en un plato. Podría decirse que no hay diferencias ostensibles entre un racista que niega derechos a ciertas razas y un especicista que niega derechos a ciertas especies animales. El racista viola el principio de igualdad al dar un peso mayor a los intereses de los miembros de su propia raza cuando hay un enfrentamiento entre sus intereses y los de otra raza. El sexista viola el mismo principio al favorecer los intereses de su propio sexo. De un modo similar, el especisista permite que los intereses de su propia especie predominen sobre los intereses esenciales de los miembros de otras especies. El modelo es idéntico en los tres casos [5].
Notas
Bibliográficas: Capítulo 4 : Argumento Ad-Hominen Este último argumento pretende desviar la atención del tema en cuestión (la matanza indiscriminada de seres indefensos) para centrarla en el grado de responsabilidad que a cada quien cabe en dicho accionar. Más que un intento por defender el punto de vista favorable al consumo de animales, o por refutar las razones científicas y filosóficas esgrimidas por el vegetarianismo, constituye, de principio a fin un mero cuestionamiento de la autoridad moral que asiste a sus interlocutores. En lugar de reflexionar honestamente sobre lo indefendible del canibalismo, instala la discusión en torno de si es posible en todos los casos respetar la integridad de la naturaleza. Así, por ejemplo, un cultor del argumento ad-hominen responderá a su interlocutor en medio de cualquier debate con evasivas tales como esta: “Usted habla de no comer carne y de no matar vida, pero ¿acaso no están vivos los vegetales que usted arranca a la tierra para después ingerir? ¿No está usted causando el mismo sufrimiento que yo?”. Esta forma de argumentar es particularmente repulsiva para quien busca honradamente la verdad. Ante todo, cabe decir que ni en el mundo físico ni en el mundo moral es posible tapar un agujero con otro. Aún suponiendo (y es mucho suponer) que fuesen equiparables ambos planos de análisis, ¿desde cuándo es legítimo seguir practicando lo más campantes una injusticia sólo porque otras injusticias sean también practicadas? Resulta ridículo negarnos a ayudar a un necesitado sólo porque haya otros necesitados a quienes no nos es posible ayudar. Aunque pudiera demostrarse que los partidarios del ecologismo radical son todos unos farsantes, ello no constituiría ninguna refutación eficiente de sus ideas, sino una simple desautorización de ellos como profetas de las mismas. De otro modo, los argumentos en contra del alcoholismo sólo serían aceptables cuando los sostuviese un abstemio. Podría decirse que en filosofía lo que interesan son los argumentos, no las personas en sí.
Luciano
Bonfico
“En efecto, el nivel espiritual del individuo es una consecuencia forzosamente de su alimentación y el adelanto puede apreciarse de acuerdo al alimento que se toma.” “Los temperamentos más groseros provienen de la comida hecha con carne de ganado: la asimilación de carne de buey, de carnero, de cerdo, etc., no solamente puede proporcionar fuertes fermentaciones en el estómago perturbando la energía emanativa de los plexos cuyo funcionamiento fisiológico da nacimiento a la dirección psicológica del individuo, sino que esta participación en el crimen de una creación tan cercana a nosotros (casi la nuestra, puesto que fue hecha el mismo día, la misma época, en las mismas circunstancias y con el mismo procedimiento) entraña una responsabilidad moral cuyas consecuencias puede ser enormes tanto en esta vida como en la otra; en esta vida: ley de acción y reacción que motiva un crimen debido a otro crimen cometido, la guerra es la primera consecuencia de esta matanza organizada de los mataderos y las carnicerías; en la otra vida: tantas almas absorbidas por la alimentación hecha de sangre, otras tantas veces vuestra alma será demandada nuevamente (Génesis, IX, 4).”
“Alimentarse con carne de un cadáver es ingerir la muerte, ¡es renunciar a la verdadera vida!“
“¡La matanza organizada de los animales es el comienzo de una ley acción–reacción que sepultará a los humanos! Esta lucha que emprendemos contra las leyes naturales ofende a la Naturaleza que para vengarse produce un crimen (llamado guerra) con fin de absorber por millones a los vándalos que la han mutilado.”
“El ideal del naturismo deberá nuevamente ser enseñado y por todas partes difundidos los principios del naturismo, del fruti–vegetarianismo, los deportes, el atletismo, la respiración, el espiritualismo, el misticismo, las ciencias, las artes, la psicología, la pedagogía iniciática. El trabajo de reforestación, la adaptación de la cultura, la búsqueda de medios curativos naturales, la enseñanza no–dogmática, la educación exenta de intereses creados y de fanatismo, la no–creencia en un dogma sin comprensión, la no–práctica del ritual sin conocimiento, la sana aspiración a un libre estudio esotérico–natural que conduzca a una Realización perfecta de la individualidad verdadera puesta al servicio de la colectividad. El respeto a los mendicantes, filósofos, sabios, ermitaños, peregrinos, sannyasines, y a las devociones de los Sadhús, Rishis, Yoghis y Mahatmas.”
El MAESTRE Dr. Serge Raynaud de la Ferrière Sent: Sunday, April 06, 2003 4:36 AM Subject: Resolviendo Conflictos
RESOLVIENDO
CONFLICTOS From: "Dr. Arturo Alvarez Bravo" <alvarezbravo@tutopia.com> To: "Lista del Maestre en Yahoo" <maestre@yahoogrupos.com.mx> Sent: Thursday, April 10, 2003 4:02 PM Subject: [Lista del Maestre] Fw: Comentarios Tipo Mensaje: Sugerencia Comentarios:
¿A qué tipo pertenezco?Osho, al estar uno fluctuando entre ambos tipos, el emocional y el intelectual, ¿cómo se puede llegar a una conclusión sobre a qué tipo se pertenece? Es difícil. Lo primero: hay tres tipos fundamentales. El intelectual, cognitivo; el emocional, emotivo; y en tercer lugar el activo. Esos son los tres tipos básicos. «Intelectual» significa uno cuya auténtica urgencia es el saber. Pone en juego su vida por saber. Alguien que esté trabajando con venenos puede ingerir el veneno por conocer que es lo que suce-derá. Es incapaz de imaginárselo. Aparece como estúpido porque morirá. Y ¿qué importancia tiene el saber algo si vas a morir? ¿Qué es lo que vas a hacer con este conocimiento? Pero el tipo intelectual coloca el conocimiento por encima del vivir, por encima de la vida. El saber es vital para él. No saber es su muerte. El saber es su amor; no saber es ser inútil. Un Sócrates, un Buda, un Nietzsche están en busca del saber lo que es el ser, de saber qué es lo que somos. Para ellos esto es básico. Sócrates dice que la vida sin ser comprendida no vale la pena ser vivida. Si no sabes lo que es la vida, ésta carece de sentido. Para nosotros puede que no tenga sentido; esta frase puede que no nos parezca significativa, porque vivimos y no sentimos la necesidad de saber lo que es la vida. Este el tipo que vive por saber. El saber es su amor. Este tipo desarrolló la filosofía. Filosofía quiere decir amor por el saber, por el conocer. El segundo tipo es el emotivo. ¡Sentir! El saber no tiene sentido a menos que uno lo sienta. Una cosa adquiere un sentido para ellos sólo cuando uno la siente. ¡Uno debe sentirla! El sentimiento funciona a través de un centro más profundo, el corazón. El saber es a través del primer centro, el intelecto. ¡Uno debe sentir! Los poetas pertenecen a esta categoría, los pintores, los bailarines, los músicos. El saber no es suficiente. Es árido,no tiene corazón, carece de corazón. ¡Sentir! Por eso un intelectual podrá diseccionar una flor para saber lo que es, pero un poeta no podrá. Puede amarla, ¿y cómo puede el amor diseccionar? Puede sentirla y sabe que sólo a través del sentir aparece el auténtico conocimiento. Puede que un científico sepa más de una flor, pero aún así un poeta no puede ser convencido de que el otro sabe más. Un poeta sabe que él sabe más y que conoce más en profundidad. Un científico sólo está informado; el poeta sabe de corazón a corazón, tiene una charla con la flor de corazón a corazón. No la ha diseccionado. No conoce cuál es su química. ¡No la conoce! Puede que no conozca ni el nombre, o a qué especie pertenece esa flor, pero dice, «Conozco su auténtico espíritu». A Hui-Hai, un pintor zen, el Emperador de la China le encargó que pintara algunas flores para su palacio. Hui-Hai dijo, «Entonces tendré que vivir con las flores». Pero el Emperador le dijo, «No hay porqué. En mi jardín están toda clase de flores. ¡Ve y pinta!» Hui-Hai dijo, «A menos que sienta las flores, ¿cómo voy a poder pintarlas? He de conocer su espíritu. ¿Y cómo voy a conocer el espíritu a través de los ojos? ¿Y cómo puede tocarse el espíritu con las manos? Por eso tendré que vivir íntimamente con ellas. A veces, con los ojos cerrados, sentado a su lado, perci-biendo el aroma que comunica, percibiendo el perfume que llega, puedo permanecer en una silenciosa comunión con ellas. A veces la flor es sólo un capullo, a veces la flor florece. A veces la flor es joven y su humor es distinto, y a veces la flor se vuelve vieja y le ronda la muerte. Y a veces la flor es feliz y gozosa, y a veces la flor está triste. ¿Cómo voy simplemente a ir y pintar? Tengo que vivir con las flores. Y esa flor que nació, un día morirá. Debo conocer toda su biografía. Debo vivir con ella desde su nacimiento hasta su muerte, y debo percibirla en su multiplicidad de estados. He de percibir cómo se siente por la noche con la oscuridad rondándola, y cómo se siente por la mañana cuando el sol ha salido, y cómo cuando un pájaro vuela y otro canta; cómo se siente la flor entonces. Cómo se siente cuando llegan los vientos tormentosos, y cómo se siente cuando todo está silencioso... Debo conocerla en su multiplicidad de ser, íntimamente, como un amigo, como un participante, como un espectador, como un amante. ¡He de relacionarme con ella! Unicamente entonces puedo pintarla y así y todo no puedo prometer nada porque una flor es una cosa tan vasta que puede que no sea capaz de pintarla. Por eso no puedo prometer nada, sólo puedo intentarlo». Pasaron seis meses y el Emperador se puso impaciente. Entonces preguntó, «¿Dónde está ese Hui-Hai? ¿Está todavía tratando de estar en comunión?» El jardinero contestó, «No podemos molestarle. Ha intimado tanto con los árboles que, a veces, al pasar junto a su lado no sentimos que haya allí un hombre. Se ha convertido en un árbol. Sigue en contemplación». Habían pasado seis meses. El Emperador llegó y dijo, «¿Qué estás haciendo? ¿Cuándo vas a pintar?» Hui-Hai dijo, «No me molestes. Si tengo que pintar debo olvidarme del pintar completamente. ¡No me lo recuerdes de nuevo! ¡No me molestes! ¿Cómo voy ha vivir en intimidad si albergo algún propósito? ¿Cómo va a ser posible la intimidad si permanezco aquí como pintor y tratando de intimar únicamente porque he venido a pintar? ¡Qué tontería! No hay lugar para negocios aquí; no vuelvas otra vez. Cuando llegue el momento vendré por mí mismo, pero no puedo prometerlo. Puede que el momento adecuado llegue o puede que no llegue». Y durante tres años el Emperador esperó. Entonces Hui-Hai se presentó. Se presentó en la corte real y el Emperador dijo, «Ahora no la pintes porque te has vuelto como una flor. Veo en ti todas las flores que he visto. En tus ojos, en tus gestos, en tu andar, en tu movimiento, te has vuelto como una flor». Hui-Hai dijo, «He venido para decirte que no puedo pintar porque el hombre que deseaba pintar ha desaparecido». Este es un modo distinto; es el del tipo emotivo que conoce a través del sentimiento. Para el tipo intelectual, incluso para sentir tiene que conocer primero. El conoce primero, luego puede sentir. Su sentimiento es a través del conocer. Luego hay un tercer tipo: el activo, un tipo creativo. No puede permanecer en el saber o en el sentir. Tiene que crear. Puede saber únicamente a través de la creación. A menos que cree algo, es incapaz de saber. Sólo siendo un creador llega a ser un conocedor. Este tercer tipo vive en la acción. ¿Qué es lo que quiero decir con acción? Son posibles muchas dimensiones, pero este tercer tipo siempre está orientado hacia la acción. No preguntará qué es lo que es la vida, qué es lo que significa. Preguntará, «¿Qué es lo que hace la vida? ¿Para que sirve? ¿Qué crea?» Si puede crear, es feliz. Sus creaciones son varias, puede ser un creador de seres humanos, puede ser el creador de una sociedad, puede ser el creador de una pintura, pero la creatividad está allí. Por ejemplo, este Hui-Hai no era del tipo activo por eso se disolvió en el sentimiento de totalidad. Si hubiera sido del tipo activo, hubiera pintado. Únicamente con el pintar se hubiera realizado. Esos son los tres tipos. Se han de entender muchas cosas. Una: dije que Buda y Nietzsche pertenecen al primer tipo, pero Buda le pertenece verazmente y Nietzsche en forma errónea. Si un tipo intelectual se desarrolla verdaderamente se convierte en un Buda, pero si sigue un camino equivocado, si se pierde y yerra el objetivo, se vuelve un Nietzsche. Enloquece. A través del saber no se convertirá en una Alma Realizada. ¡A través del saber enloquecerá! Mediante el saber no alcanzará una confianza ciega. Con el saber seguirá creando dudas, dudas, dudas y por último, atrapado en sus propias dudas, se volverá loco. Buda y Nietzsche pertenecen al mismo tipo, pero son los dos extremos. Nietzsche puede convertirse en un Buda, Buda puede convertirse en un Nietzsche. Si un Buda yerra, se volverá loco. Si un Nietzsche acierta, se convertirá en un Alma Realizada. Del tipo emocional citaré a Meera y De Sade. Meera pertenece correctamente a este tipo. Si el sentimiento se desarrolla acerta-damente se convierte en un amor a lo Divino, pero si lo hace erróneamente, se convierte en perversidad sexual. De Sade pertenece al mismo tipo, pero este sentimiento se despliega de forma equivocada y entonces se convierte en un hombre pervertido, anormalmente loco. Si el tipo emocional se desarrolla equivocadamente se vuelve sexualmente pervertido. Si el tipo intelectual se desarrolla equivocadamente, se vuelve escépticamente loco. Y, en tercer lugar, la acción. Hitler y Gandhi pertenecen al tercer tipo. Si evoluciona correctamente, surge un Gandhi. Si se desarrolla equivocadamente, surge un Hitler. Ambos pertenecen a la acción. No pueden vivir sin hacer algo. Pero el hacer puede ser una locura y un Hitler está loco. El actuaba, pero su hacer se volvió destructivo. Si el tipo creativo se despliega adecuadamente se vuelve creativo; si equivocadamente, se vuelve destructivo. Esos son los tres tipos básicos puros. Pero nadie es un tipo puro; esa es la pega. ¡Esos son sólo tipos! Nadie es un tipo puro, todo el mundo es una mezcla. Y esos tres están en cada uno. Por eso, realmente no es cuestión de a que tipo perteneces; el punto a considerar es cuál es el tipo predominante. Tan sólo para poder explicártelo los he dividido. Nadie es un tipo puro, nadie puede serlo porque los tres están en ti. Si los tres están equilibrados, eres armonioso; si los tres están desequilibrados, entonces te vuelves loco, te desestabilizas. Esa es la dificultad al decidir. Decide pues cuál es el dominante, cuál es tu tipo. ¿Cómo decidir cuál es el dominante? ¿Cómo saber a qué tipo pertenezco o cuál es el tipo más significativo para mí, el más fundamental para mí? Los tres estarán presentes, pero uno será secundario. Hay dos criterios que han de recordarse. Uno, si eres del tipo cognitivo, todas tus experiencias comenzarán básica-mente por el saber, nunca con alguna otra cosa. Por ejemplo, si un tipo cognitivo se enamora de alguien, no se podrá enamorar a primera vista. ¡Es incapaz! ¡Imposible! Primero ha de saber, debe entrar en contacto, y esto implica un largo proceso. La decisión puede llegar sólo a través de un proceso cognitivo. Por eso es que este tipo de gente siempre se pierde muchas oportu-nidades, porque se necesita una decisión instantánea y este tipo no puede decidir en un instante. Por eso este tipo, por lo general, nunca es activo. No puede serlo porque cuando ha alcanzado alguna conclusión, el mo-mento ha pasado. Mientras está pensando, el momento ha pasado. Cuando alcanza una conclusión, la conclusión no tiene sentido. Cuando era el momento preciso para obtenerla, no pudo. Así que no puede ser activo. Y esa es una de las calamidades del mundo, que esos que son capaces de pensar no pueden ser activos, y esos que pueden ser activos son incapaces de pensar. Esa es una de la calamidades fundamentales, pero es así. Y recuerda siempre que son muy pocos los que pertenecen al tipo intelectual. El porcentaje es ínfimo, dos o tres por ciento. Para ellos todo comienza con el saber. Únicamente entonces viene el sentir y por último el actuar. Esta será la secuencia con los de este tipo: saber, sentir, actuar. Puede que llegue tarde, pero no puede ser de otra forma. Primero ha de pensar. La segunda cosa a recordar es que para el tipo cognitivo todo comenzará con saber, nunca concluirá antes de saber y no extraerá prejuicio alguno a menos que los pros y contras hayan sido establecidos. Este tipo se convierte en el científico. Este tipo puede convertirse en un filósofo imparcial, en un científico, en un observador. | ||||||||||||||||