Parábola de La Isla
del Árbol de la Vida
 
 


En una isla de los mares del sur, que no se encuentra en los mapas, crecía un árbol.
Su corteza y su fruto eran diferentes a los de los árboles de otras tierras.
Sus hojas, como aquellas del árbol de la vida descrito en el Apocalipsis (la Revelación)
eran para la curación de las naciones.

Sacados de sus rutas por las tormentas, viajeros ocasionales llegaron a la isla,
encontraron el árbol, comieron su fruto y fueron sanados por sus hojas.
Algunos habían zarpado del oriente, otros del occidente y algunos del sur.
Cada uno se creía a si mismo el descubridor original.
Cada uno suponía también que la ruta por la
cual había llegado, era la única vía a la isla.
Cada uno escribió un registro de su viaje, describió el árbol
y proclamó las virtudes de su fruto y de sus hojas.

Hubo algunos que creyeron estas historias, pero hubo más que se
burlaron. Ninguno podía formar en su mente una imagen clara del árbol.

Los creyentes dijeron: "Mira este nos abandono enfermo, pero ahora está sano.
No solamente es su cuerpo el que ha sido sanado. Su corazón mismo ha cambiado."
Los incrédulos declararon: "Es solamente el beneficio de un cambio de aires.
El viaje por el mar ayudo a su cuerpo y puesto que se
encuentra bien, su temperamento es naturalmente más dulce. Sin
embargo el hombre está loco. Si hubiese tal árbol acerca del cual
delira, ¿porque no nos trajo alguna de sus hojas? Siquiera un
fragmento de su corteza. ¡Es solamente un disparatado cuento, sin
evidencia alguna para comprobarlo!

Los creyentes sin embargo, preservaron la historia y en el curso de
los años le añadieron maravillosas fantasías de su propia
imaginación. Así que el cuento del árbol pasó al folklore de muchos pueblos.

Entonces hubo uno, cuyos viajes por países lejanos le dieron la
oportunidad de conocer las costumbres y creencias de muchas razas.
Viajo hacia el sur, hacia el oriente, y hacia el occidente. A donde
quiera que fue, escucho historias de la isla y del árbol. Ni
siquiera dos relatos estaban de acuerdo en cuanto a los detalles.
Algunos dijeron que la isla quedaba hacia el norte, algunos
sostenían que el buscador debería dirigirse hacia el occidente y
otros insistían que la ruta era hacia el oriente. Y cuando llegaban
a describir el árbol, la fantasía humana corría descabelladamente.
El viajero, sin embargo, vio que este desacuerdo acerca de las vías
para llegar a la isla, realmente no significaban nada. Quienes
vivían en el sur, tenían que viajar hacia el norte; para quienes
moraban en el oriente, la isla quedaba al occidente; y para aquellos
hombres cuyos hogares se encontraban en el occidente, la ruta era hacia el oriente.
Todos estaban de acuerdo en un punto. En una isla había un árbol
cuyas hojas estaban destinadas a curar toda enfermedad y eran buenas
para las enfermedades del alma, tanto como para las enfermedades de la carne.
Así que nuestro viajero se propuso encontrar la isla, y su búsqueda
no fue en vano. Por la cuidadosa consideración de las antiguas
historias, calculo toscamente su probable localización. Entonces
navegó en una ruta circular alrededor del área probable que había
marcado en su mapa. Haciendo los círculos cada vez más y más
estrechos. Navegando en espiral hacia adentro. Durante los largos
meses de su búsqueda se detuvo en muchas islas. Algunas eran
hermosas con bellos y exóticos árboles y frutos.
Una o dos veces creyó que había encontrado lo que buscaba, pero
cuando probó las hojas de estos extraños árboles, encontró que
algunos producían el olvido y otros inducían extraños sueños, pero
ninguno tenía el poder de curar las enfermedades del alma y del
cuerpo. Algunos en verdad, aunque dulces al gusto, le hicieron
enfermar casi hasta la muerte. Más de una vez, también logro
difícilmente escapar del naufragio, o de ser muerto por espantosas
bestias y por otros peligros.
Él sin embargo persevero en su búsqueda y por último, su paciencia
fue recompensada. Entonces supo porque ningún viajero había podido
traer a su hogar alguna evidencia tangible de la existencia del
árbol mágico. Cuando su fruto era arrancado, tenía que ser comido de
inmediato, porque en el curso de una hora empezaba a podrirse.
Igualmente sucedía con las hojas de la corteza. Se desmoronaban
convirtiéndose en nada, cuando eran separadas del árbol.

En el momento en que el viajero vio el árbol, lo conoció, y percibió
que en todos los cuentos acerca de él había algo de verdad.
Cualquier cosa que le había parecido sin sentido, se le hizo
inteligible cuando vio el árbol mismo. Sin embargo supo, que ningún
hombre sería nunca capaz de describir el árbol en forma tal, que
pudiera ser imaginado verdaderamente por quien no le hubiese visto.

Aquellos que no han visitado la isla, pertenecen a una de dos clases
de personas. Unos que creen y la mayoría que se burla. Ninguno de
estos puede verdaderamente saber, salvo aquellos quienes emprenden
el viaje y logran su meta.

Así que el viajero regreso a su hogar y escribió la historia de su
propia búsqueda. La ilustro con mapas y dibujos. Marco el número de
brazas y las corrientes oceánicas. Dio la latitud y longitud. Sin
embargo, el mundo continúo mofándose de la historia. Algunos le
llamaron loco. Algunos dijeron que era un tonto. Hombres de ciencia
y otros eruditos, en especial los médicos, denunciaron a
este "peligroso charlatán". Ridiculizaron su libro, impugnaron la
exactitud de sus mapas y aun trataron de aprisionarle por obtener
dinero con falsas pretensiones, porque había aceptado pago por sus
escritos y conferencias.

Sin embargo, algunos pocos pusieron sus palabras a la prueba del
experimento real. En grandes y pequeños barcos zarparon con
dirección a la isla y debido a que las direcciones del viajero eran
claras y verdaderas, encontraron el árbol y fueron sanados de todas
sus miserias.

Así con el tiempo, llegó a existir en el mundo, una asociación
de "conocedores del árbol". Debido a que sus mentes y cuerpos eran
fuertes y sanos, sus vidas esparcieron un contagio de salud,
entendimiento y amor, a través de los sitios en los que pasaban los
días que les quedaban. Así el mundo llegó a ser más brillante y
feliz por causa de su presencia.

En esta parábola, el Árbol es lo que Jesús llamó: "El Reino de Dios",
la Isla es un lugar real dentro del cuerpo humano.
El fruto y las hojas son estados de consciencia,
porque el árbol es el Árbol de la Vida, la clave de todas las cosas.

Comer del fruto del árbol conduce a un estado de conciencia más allá
de todo pensamiento, a una síntesis de toda experiencia, en la que
el sentido de separatividad es borrado y el conocimiento directo de
la unidad y eternidad, toma el lugar de la multiplicidad, ligada al
tiempo de la conciencia ordinaria. ¿Cómo podría nuestra lengua
expresar, lo que ha sido llamado "estar en todas partes y serlo todo a la vez"?

Ningún hombre que haya comido el fruto de este árbol puede describirlo.
Sin embargo sabe que dicha experiencia se encuentra en
las páginas de los poetas Sufíes, en el lenguaje críptico de los
Alquimistas y Magos, en los escritos de los filósofos Hindúes y de
los sabios Chinos, en las Tradiciones de la sabiduría indígena
americana, así como en la enseñanza de los grandes Maestros
espirituales de la humanidad.

Quien ha comido el fruto del árbol, es libre de la esclavizante
adherencia a credos, aunque no se oponga a ningún credo.
No es suficiente leer los cuentos de los viajeros, quien quiera
liberarse de la miseria de la condición del ser humano ordinario y
lograr la plenitud del gozo de ser, debe encontrar la isla por si
mismo, debe comer de las hojas y frutos del árbol mágico.
Entrar en la conciencia que trasciende al pensamiento, es Ser Uno
con el Padre de las Luces. Es ser un participe conciente de su plan.

La Libertad es experimentada por aquellos que saben. Busca esto
primero y todas las cosas te serán añadidas. Muchos desean la
libertad. Muchos deploran sus limitaciones. Muchos declaran su deseo
de iluminación. No obstante, ni siquiera uno en diez mil realmente
busca, mucho menos coloca esta búsqueda, por encima de cualquier otra consideración.

Como aquellos quienes fueron invitados a la fiesta, la mayoría de
las personas presentan excusas. Quienes están verdaderamente listos
comprenden la verdad de que nada es más importante que ser un
ciudadano del Reino de la Vida-Poder. Cualquiera que ve que
abandonar todo por esta búsqueda, es ganar infinitamente más que el
valor de cualquier cosa dejada atrás, ese ve en verdad. La Senda
hacia la libertad esta abierta ante usted. ¿Quiere la libertad con
la suficiente intensidad como para seguir la senda de retorno a la
unidad? Abandonar todo es ganar el TODO. El "sacrificio" y
la "renuncia" es solamente la última ilusión. Nada se pierde
realmente, cuando el TODO es ganado.

Una prueba segura de la honestidad mental de cualquier persona es
ponerlo a trabajar en la penosa tarea de aprender. Tal persona
encontrará siempre la mejor razón posible para evitar cualquier
trabajo realmente difícil. Debido a que aprender requiere una buena
cantidad de trabajo penoso, separa pronto a los verdaderos
buscadores de los fariseos espirituales.

Vuelva su rostro firmemente hacia el UNO y encontrará en ÉL plena
satisfacción de todas sus necesidades. No hay mezquindad en la
provisión del Poder de Vida para nosotros una vez que nos entregamos
totalmente y nos abrimos como canales de su poder.

Hemos probado el fruto del árbol mágico y le hemos encontrado bueno.
Pueda este mismo conocimiento ser suyo y que estas palabras nuestras
le animen a continuar el sendero, paso a paso, hasta que alcance el
Palacio de Santidad en el Medio, donde el Creador se sienta en su Trono.

Por: Paúl Foster Case
 

 

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Revisado: Saturday, 22 de October de 2005 .