La
Astrología: Cimiento de la Iniciación.
Por el Dr. Serge Raynaud de la Ferrière
Acabamos de ver la necesidad de
conocer el movimiento de los astros: es evidente que el Tema celeste en una
fecha determinada esquematiza una instantánea
del estado del Cielo, y si esta disposición instantánea desencadena algún
acontecimiento, lo cual es la hipótesis misma de la Astrología, éste se
desarrollará en un tiempo más o menos largo, durante el cual los astros
continuarán dando vueltas, acompañando, en cierto modo, el acontecimiento
desatado por su aspecto inicial. Por eso un Tema debe necesariamente proveer no
solamente la disposición de los astros, sino también su velocidad, su marcha
en el momento considerado. Por consiguiente, ante todo hay que adquirir algunas
nociones elementales sobre los movimientos planetarios. En el caso de los luminares (Sol
y Luna), por ejemplo, las disonancias duran dos veces más que sus armonías. Es
la razón profunda de ese hecho bien conocido de que la vida presenta más
desagrado que satisfacciones, más disturbios que euforias, y que poco a poco la
máquina fisiológica se destruye; la Muerte acaba siempre triunfando sobre la
Vida. La Naturaleza, esta fuerza fatal que dirige todo lo que se puede percibir,
desde la brizna de hierba hasta el Sol, es la misteriosa potencia contra la que
el hombre está en lucha continuamente. Conocemos el Zodíaco, este
transportador denominado eclíptica, en
que el cero es el punto de la órbita donde se encuentra el Sol cuando comienza
la Primavera; es decir, en el momento preciso del equinoccio en el que la duración
de un día astronómico se divide en dos partes, una de día y otra de noche,
rigurosamente iguales. Es por eso que el año astrológico comienza el 21 de
Marzo, simbolizado por el grado Cero
del signo del Cordero. Si abordamos el problema astrológico tan largamente, es
para significar toda su importancia, que es, por lo demás, muy comprensible.
Naturalmente, no se trata de la Astrología profana, tal como la mayoría de la
gente la concibe, sino de la Astrología ESOTÉRICA, es decir, del sentido
profundo que existe en el seno de esta Ciencia; estamos lejos de la cuestión horóscopo lo cual se menciona tan pronto como se habla de astros...
Es por esto que, en los medios científicos, se emplea un nuevo vocablo para
definir la Antigua Ciencia de los Sabios; el término un poco anticuado de
Astrología ha cedido su lugar al de COSMOBIOLOGÍA.[1]
El Misterio del Zodíaco es
profundo, pero su enseñanza es importantísima. Es la base de la
INICIACIÓN.
Por lo demás, es menester entender sobre la denominación empleada muy a menudo
erróneamente: estar iniciado (sin mayúscula) que define a la persona que acaba de
adquirir cualquier conocimiento, tan válido para la mecánica, como para la música,
etc. Se puede estar iniciado, por ejemplo, en física y esto no implica sabiduría
ni un alto grado de elevación espiritual. Hay, aun, el seudoiniciado, que con
el aplomo de algunos conocimientos, al tanto de ciertos arcanos se erige en
Maestro, usando sus poderes, reales o imaginarios, con un fin de dominación, de
interés o de orgullo. El verdadero INICIADO es el que
ha tiempo se inclina hacia los problemas más simples de la vida, meditando
sobre las pequeñeces como sobre las grandezas, y ha comprendido, al fin, que
todo en la materia no es más que ilusión, y que solamente el espíritu puede
evolucionar. Por su vida de búsqueda y de humildad, merece el título de
PRUDENTE. Habiéndose inclinado hacia las cuestiones más abstractas, ha
comprendido el sentido de ellas. Las manifestaciones de las religiones, las
concepciones, no tienen para él más que un valor documental: las Grandes
VERDADES son inmutables, y habiendo alcanzado los Arcanos Mayores, se encuentra
en posesión de poderes de los cuales no abusa y los emplea, a lo sumo, para
alivio de su prójimo; alivio que se traduce en enseñanza, en luces que ofrece,
gérmenes que deposita en el cerebro de los que dudan; consuela a los que
sufren, tanto espiritual como físicamente; aporta, en fin, un remedio eficaz
sin esperanza de beneficios, de interés cualquiera. Es un MAESTRO gracias a sus
conocimientos del esoterismo, gracias a su saber del que no se enorgullece; es
un PRUDENTE por su vida de ejemplo, de humildad, de fraternidad. Es el INICIADO
tal como se ha de concebir, y el único que tiene un valor en la escala de la
elevación. Por consiguiente, la Astrología
se encuentra en el cimiento de la enseñanza Iniciática, y es normal que sea
con esta ciencia que se comience a subir el primer peldaño en la búsqueda de
la Verdad, que es el fin mismo de la Iniciación. La ciencia de los
Astros contiene todas las Claves
necesarias a la evolución. Sin el conocimiento de las estrellas ninguna otra
ciencia puede ser poseída a fondo, y en lo referente a las cuestiones
abstractas no pueden ser tratadas seriamente sin la documentación astrobiológica
indispensable. Todo está contenido en el Zodíaco puesto que es la representación
de lo Infinitamente Grande como de lo Infinitamente Pequeño; allí se encuentran
los principios naturales así como los elementos supranormales. La ley de los números,
de los colores, o de cualquiera otra vibración, se halla en él inscrita, y son
elementos con los cuales el hombre lucha o evoluciona, pues todo es evolutivo,
desde la causa primera hasta las múltiples manifestaciones.
Así, los cuatro elementos Fuego, Aire, Agua, Tierra
se encuentran distribuidos en el Zodíaco de una manera equitativa. Al signo del Cordero corresponde el FUEGO: es el dinamismo evolutivo que va a dar la fuerza inicial, y por ello coincide con la primavera; luego, al signo del Toro corresponde el elemento TIERRA, que es el fin, el resultado; en tanto que el signo de los Gemelos está gobernado por el AIRE, que da el concurso necesario a la evolución; y el signo del Cangrejo coincide con el elemento AGUA, que viene a ser el obstáculo indispensable para evolucionar, son las pruebas naturales para poner de manifiesto el triunfo.
El 23 de julio, cuando el Sol entra en el signo del
León, tenemos nuevamente el elemento FUEGO que domina, y es el nuevo principio
de la evolución de los ELEMENTOS. Este cuaternario
evolutivo es muy importante en el esoterismo, y la lógica nos hace entrever una
vez más por qué la vida proporciona mucho más sufrimiento que satisfacciones.
El ser embrionario permanece en gestación uterina durante nueve meses, es
decir, que en el momento de su nacimiento el ni o viene al mundo bajo una
cuadratura, o sea, ese aspecto maléfico de 90 grados que separa dos puntos de
la eclíptica. Dicho de otra manera, el ser, habiendo empleado en su formación
nueve meses, o sea, el valor de nueve signos del Zodíaco, en el momento del
nacimiento se encuentra con el sol de concepción que le corresponde en mal
aspecto con el sol de nacimiento, porque de los nueve signos que han sido
influenciados quedan tres para terminar la vuelta del Zodíaco; estos tres
signos de 30 grados cada uno corresponden, por consiguiente, a los 90 grados
anteriormente mencionados. Para comprender su maleficio hay que imaginar la
distancia que hace que un planeta que se encuentre en un signo gobernado por el
elemento Fuego esté en relación con
otro que se encuentre en el elemento Agua;
o bien, que el elemento Tierra se
muestre en aspectación con el Aire,
lo que hace que el encuentro de dos elementos contrarios constituya un maleficio.
Cada
uno de estos tres reinos manifiesta un centro particular del organismo
terrestre. El reino mineral constituye la osamenta, el centro de digestión y de
excreción; el reino vegetal constituye el centro anímico, digiriendo el
mineral y purificando continuamente el aire atmosférico indispensable a todos
los seres; por fin, el reino animal es el centro intelectual en el cual
evolucionan el instinto y la inteligencia, a través de la penosa ascensión
hacia la conciencia.
La
analogía nos permite ver que una misma ley une la marcha de una célula y la de
un órgano; que una ley idéntica dirige la marcha de un continente y la de todo
el planeta concebido como un ser orgánico especial. Nuestra Tierra baña,
alternativamente, una parte de sus hemisferios en el fluido solar; de allí
resulta el día y la noche que corresponden a una espiración y una inspiración
del ser humano. En el organismo del mundo, los planetas (órganos del sistema
solar) circulan en el fluido solar reparador. En el organismo humano el fluido
reparador es la sangre que circula por los órganos que baña. La Tierra aspira
el movimiento por el Ecuador y lo espira por los Polos. Es aún Robert Fludd quien dice:
“La luz, al mezclarse con el aire invisible, produjo el Éter, otra
especie de Fuego más sutil y más activo, principio de la generación del
organismo, vehículo de la Vida en toda la extensión del Universo. El Éter no es un cuerpo propiamente dicho, sino un término medio, una
especie de mediador por el que se interpenetran mutuamente el cuerpo y la fuerza
vivificante, es decir, el alma del mundo. Los tres influjos que recibe
nuestro planeta vienen:
1)
Del Sol;
2)
De la Luna
(nuestro satélite); y
3)
De los otros
planetas del sistema solar. El estudio de estas corrientes
fluídicas y su acción fisiológica constituye la
Astrología. En esta ciencia, como sabemos: El Macrocosmo está representado por el Zodíaco propiamente dicho,
es decir, por los signos astrológicos. Este círculo simbólico está dividido
en cuatro arcos iguales de 90 grados, que son las cuatro estaciones, y cada uno
de los cuadrantes en 3 signos zodiacales iguales, de 30 grados, lo que forma los
12 signos bien conocidos. Por el contrario, el Sensitivo,
órgano esencial del Microcosmo, se
encuentra dividido en cuatro arcos de 90 grados, y cada uno de estos cuadrantes,
en tres zonas iguales de 30 grados, que son las Casas
Astrológicas: es decir, los dominios especializados de nuestra receptividad
a los influjos del Cielo. Si se habla siempre de la desigualdad de las Casas,
sabemos que es únicamente por la construcción de los planos imaginarios,
gracias a la proyección sobre el Ecuador (que no es su base). Los antiguos
concebían los temas astrológicos trazados sobre la ortovertical y toda la
aridez de esta cuestión se suprime con la proyección estereográfica de
nuestra esfera. Los primeros Grados Iniciáticos
conducen maquinalmente al estudio de la ¡MAGIA! Además de la brujería o magia
de bajo fondo, por la que no hay que interesarse más que a título informativo,
está la Magia que es el empleo de las fuerzas naturales, y principalmente el
conocimiento de la teoría de las vibraciones. Esta parte se divide en Magia práctica
o personal, y Magia ceremonial. Por encima de estos dos primeros estados hay un
grado superior que es la Teurgia. En la
MAGIA se considera al
mundo o Macrocosmo en tres planos: Plano Físico, Plano Astral, Plano Divino. Estos tres planos corresponden en el hombre o
Microcosmo a tres cuerpos: Cuerpo Físico
Cuerpo Astral
Cuerpo Divino. En lo que toca a nosotros, habitantes de la Tierra, tres astros ocupan una posición primordial: la Tierra, la Luna y el Sol. Los tres planos del Macrocosmo y los tres cuerpos del Microcosmo corresponden análogamente a estos tres astros
Físico
- Tierra
Astral
- Luna
Divino
- Sol. Lo que se produce en el
Microcosmo se produce analógicamente en el Macrocosmo, y la clave de la evolución
natural no reside en la constatación de los cambios de forma sino en la búsqueda
de las fuerzas involutivas generadoras de estos cambios de formas: toda evolución está precedida de una involución. Durante el proceso de evolución (Muerte) y de
involución (Nacimiento) que soporta el espíritu inmortal, el Ser atraviesa
diversas clases sociales que dependen de su conducta en existencias anteriores; clases sociales a menudo deseadas en la vida
precedente, pero que también son resultado del comportamiento de vidas
sucesivas. Sin embargo las concepciones pueden variar: es
decir, algunos tomarán esos términos al pie de la letra, mientras que otros se
acogerán a diferentes filosofías, que sería naturalmente demasiado largo
analizar aquí. [1] El autor es también el fundador de la Agrupación
Mundial de Cosmobiología
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commentaire, suggestion ou contribution. Revisado: Tuesday, 21 de May de 2002 . |