|
Nota
del webmaster: Como un
seguimiento al tema del Gran Arcano se
pone a su consideración y estudio el siguiente artículo del gran
investigador francés, René Guenón (1886-1951) extraído de su libro "El
Rey del Mundo". Melki y Tsedek son las dos palabras escritas en
hebreo (mem
m,
lamed
l,
kaph
k
y tzadik
x,
daleth
r
, qoph
q)
en la
parte superior del Gran Arcano y significan Melki=Rey y Tsedek=Justicia, "Rey
de Justicia" nombrado tambien "Rey de Salem" en la
Biblia, lo que se asimila al concepto de la "Agharta" y a la
función del 7º MANU o 10º Avatar de Vishnu, en esta Nueva Era del
Aquarius, por lo que retoma gran importancia para comprender mejor la misión
del Instructor Mundial en cuanto portavoz de la Tradición Iniciática y su
manifestación actual entre la humanidad que “tiene
por objeto adaptar a las necesidades de los hombres la Ley Crística enseñada
por Él...”. Esperamos sus comentarios, preguntas y aportes.
MELKI-TSEDEQ 
Por René
Guenón
Se dice en las
tradiciones orientales que el Soma, en
cierta época, devino desconocido, de manera que fue preciso, en los ritos
sacrificiales, sustituirlo por otra bebida que no era más que una figura de
este Soma primitivo ;
este papel fue jugado principalmente por el vino, y a ello se refiere, entre los
Griegos, una gran parte de la leyenda de Dionysos .
Ahora bien, el vino a menudo se toma para representar a la verdadera tradición
iniciática: en hebreo, las palabras iaïn (vino)
y sod (misterio) son intercambiables entre
ellas como teniendo el mismo número;
entre los Sufíes,
el vino simboliza el conocimiento esotérico, la doctrina reservada a la élite
y que no conviene a todos los hombres, lo mismo que no todos pueden beber el
vino impunemente. Resulta de ahí que el empleo del vino en un rito confiere a
éste un carácter claramente iniciático; tal es, especialmente, el caso del «sacrificio
eucarístico» de Melquisedec ,
y ahí está el punto esencial en el cual debemos detenernos ahora.
El nombre de
Melquisedec, o más exactamente Melki-Tsedeq,
no es otra cosa que el nombre bajo el cual la función misma del «Rey
del Mundo» se halla designada expresamente en la tradición
judeo-cristiana. Hemos dudado un poco en formular este hecho, que comporta la
explicación de uno de los más enigmáticos pasajes de la Biblia hebrea, pero
desde el momento que nos decidimos a tratar esta cuestión del «Rey del Mundo»
nos era verdaderamente imposible no hablar de ello. Podríamos retomar aquí la
palabra pronunciada por San Pablo respecto a esto: «Acerca de esto tenemos
mucho que decir, y cosas difíciles de explicar, porque sois lentos en entender ».
He
aquí en primer lugar el texto mismo del pasaje bíblico de que se trata: «y Melki-Tsedeq,
rey de Salem, hizo traer el pan y el
vino; y era sacerdote del Dios Altísimo (El Élion) y bendijo a Abram,
diciendo: «Bendito sea Abram por el Dios Altísimo, dueño de los Cielos y
de la Tierra; y bendito sea el Dios Altísimo que te ha entregado a tus enemigos
en tu mano. Y Abram le dio el diezmo de todo lo que había tomado».
Melki-Tsedeq,
es pues rey y sacerdote a la vez; su nombre significa «Rey
de Justicia» y es al mismo tiempo rey de Salem,
es decir, de la «Paz»; reencontramos pues aquí,
ante todo, la Justicia y la Paz, es decir, precisamente los dos atributos
fundamentales del «Rey del Mundo». Hay que observar que la palabra Salem,
contrariamente a la opinión general, no ha designado nunca en realidad una
ciudad, pero que si se la toma por el nombre simbólico de la residencia de Melki-Tsedeq,
puede verse como un equivalente del término Agarttha.
En todo caso es un error ver en ello el nombre primitivo de Jerusalem, pues
este nombre era Jébus,
o sea, al contrario; si el nombre de Jerusalem se dio a esta ciudad cuando
se estableció allí un templo espiritual por los Hebreos, es para indicar que
era desde entonces como una imagen visible de la verdadera Salem;
y hay que notar que el Templo fue edificado por Salomón, cuyo nombre (Shlomoh)
también deriva de Salem, que significa
el «Pacífico».
He aquí ahora en
qué términos San Pablo comenta lo que se ha dicho de Melki-Tsedeq:
«este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote de Dios Altísimo, que salió
al encuentro de Abraham cuando él volvía de derrotar a los reyes, que le
bendijo, y a quien Abraham dio el diezmo de todo el botín; que es primeramente
según el significado de su nombre, Rey de Justicia, luego Rey de Salem, es
decir, Rey de Paz; que no tiene ni padre ni madre, sin genealogía, que no tuvo
ni principio ni fin de su vida, pero que se ha hecho así semejante al Hijo de
Dios; este Melquisedec permanece sacerdote a perpetuidad».
Ahora bien, Melquisedec
es representado como superior a Abraham, ya que le bendijo, y «sin discusión
alguna es el inferior el que resulta ser bendecido por el superior »;
y, por su parte, Abraham reconoció esta superioridad, ya que le dio el diezmo,
lo que es señal de su dependencia. Hay en ello una verdadera
"investidura" casi en el sentido feudal de esta palabra, pero con la
diferencia de que se trata de una investidura espiritual; y podemos añadir que
ahí se halla el punto de unión de la tradición hebrea con la gran tradición
primordial. La «bendición» de la que se habla es
propiamente la comunicación de una «influencia
espiritual» en la que Abraham va a participar de ahora en adelante; y se
puede observar que la fórmula empleada pone a Abraham en relación con el «Dios
Altísimo», que el mismo Abraham invoca luego identificándolo con Jehováh.
Si Melki-Tsedeq es así superior a
Abraham, es que el «Altísimo» (Élion),
que es el Dios de Melki-Tsedeq, es él
mismo superior al "Todopoderoso" (Shaddai),
que es el Dios de Abraham, o, en otras palabras, que el primero de estos
nombres representa un aspecto divino más elevado que el segundo. Por otra
parte, lo que es sumamente importante y lo que parece no haber sido señalado
nunca, es que El Elion es el equivalente de Emmanuel,
estos dos nombres teniendo exactamente el mismo número;
y esto vincula directamente la historia de Melki-Tsedeq
con la de los Reyes Magos, de los que anteriormente hemos explicado
el significado. Además, se puede ver lo siguiente: el sacerdocio de MeIki-Tsedeq
es el sacerdocio de El Elion: el
sacerdocio cristiano es el de Emmanuel; si
por tanto, El Elion es Emmanuel,
estos dos sacerdocios no son más que uno y el sacerdocio cristiano, que
además contiene esencialmente la ofrenda eucarística del pan y del vino, es
verdaderamente "según el Orden de Melquisedec".
La tradición
judeo-cristiana distingue dos sacerdocios, uno «según el orden de Aarón» y
el otro «según el orden de Melquisedec», y éste es superior a aquél
como Melquisedec mismo es superior a Abraham, del cual ha nacido la tribu de Leví
y, en consecuencia, la familia de Aarón .
Esta superioridad es afirmada por San Pablo, cuando dice: «Leví mismo, que
recibió el diezmo (por el pueblo de Israel), lo ha pagado, por decirlo así en
Abraham».
No tenemos que extendernos más aquí sobre el significado de estos dos
sacerdocios, pero citaremos una vez más estas palabras de San Pablo: «Aquí
(en el sacerdocio levítico), son los hombres mortales los que perciben los
diezmos, pero allí es un hombre del que se atestigua de que está vivo » Este hombre
viviente, que es Melki-Tsedeq, es el Manú
que permanece en efecto «perpetuamente» (en hebreo
le-ôlam), es decir, para toda la
duración de su ciclo (Manvantara) o del
mundo que él rige especialmente. Por ello es sin genealogía, pues su origen es
"no-humano" puesto que es él mismo el prototipo del hombre, y es
realmente «hecho semejante» al Hijo de Dios, ya que la Ley que él formula es,
para este mundo, la expresión y la imagen misma del Verbo divino .
Hay que hacer aún
otras consideraciones y primero ésta: en la narración de los «Reyes
Magos» vemos a tres personajes distintos, que son los tres jefes de la
jerarquía iniciática; en la de Melki-Tsedeq, no
vemos más que uno solo, pero que puede unir en él unos aspectos que
corresponden a las tres funciones. Es así cómo algunos han diferenciado
-
Adoni-Tsedek,
«el Señor de Justicia», que se desdobla de alguna forma
en
-
Kohen-Tsedek,
«el Sacerdote de Justicia»,
y
-
Melki-Tsedeq,
«el Rey de Justicia»;
estos tres
aspectos pueden considerarse como relacionados, respectivamente, con las
funciones de Brahâtmâ, del Mahâtmâ y Mahânga
.
Aunque Melki-Tsedeq
no sea más que el nombre del tercer aspecto, se aplica comúnmente por
extensión al conjunto de los tres y, si se aplica así con preferencia a los
otros, es porque la función que expresa es la más cercana al mundo exterior,
por consiguiente la que se manifiesta más inmediatamente. Por lo demás, se
puede notar cómo la expresión de «Rey del Mundo», tanto como la de «Rey de
Justicia», no hace alusión directamente más que al poder regio; y por otra
parte, en la India se halla también la designación Dharma-Râja,
que es equivalente literalmente a la de Melki-Tsedeq
.
Si ahora tomamos
el nombre de Melki-Tsedeq en su sentido más
estricto, los atributos propios del «Rey de Justicia»
son la balanza y la espada; y estos atributos son también los de Mikael,
considerado como el «Ángel del Juicio» . Estos dos emblemas
representan, respectivamente, en el orden social, las dos funciones
administrativa y militar, que pertenecen propiamente a los
Kshatriyas, y que son los dos
elementos constitutivos del poder real, como también jeroglíficamente los dos
caracteres que forman la raíz hebrea y árabe haq
y que significa a la vez "Justicia" y
"Verdad",
y que entre diversos pueblos antiguos ha servido para designar a la realeza .
Haq es la potencia que hace reinar la
Justicia, es decir, el equilibrio simbolizado por la balanza, mientras que la
potencia misma lo es por la espada ,
y ella es la que caracteriza la función esencial del poder real; y, por otra
parte, es también, en el orden espiritual, la fuerza de la Verdad. Además, es
preciso añadir que existe también
una forma suavizada de esta raíz haq, obtenida
por la sustitución del signo de la fuerza material por el de la de la fuerza
espiritual; y esta forma hak designa con
propiedad la «Sabiduría» (en hebreo Hokmah),
de manera que conviene más especialmente a la autoridad sacerdotal, como la
otra al poder real. Esto está confirmado una vez más por el hecho de que las
dos formas correspondientes se reencuentran, con sentidos similares, en la raíz
kan, que, en lenguas muy diversas, significa
«poder» o «potencia» y también «conocimiento» :
kan es sobre todo el poder espiritual o
intelectual, idéntico a la «Sabiduría» (de donde kohen,
en hebreo, «sacerdote»), y qan es el
poder material (de donde diferentes palabras que expresan la idea de «posesión»
y especialmente el nombre de Caín .
Estas raíces y sus derivadas podrían sin duda dar lugar otra vez a muchas
más consideraciones; pero debemos limitarnos a lo que más directamente se
relaciona con el tema del presente estudio.
Para completar lo
que precede, volveremos a lo que la Kábala hebrea dice de la Shekinah:
ésta está representada en el «mundo inferior» por la última de las diez
Sephiroths, llamada Malkuth,
es decir, «el Reino», designación que es
bastante digna de mención desde el punto de vista en que nos colocamos aquí;
pero aún hay más, entre los sinónimos que a veces se dan a Malkuth
se encuentra Tsedeq, el «Justo»
.
Esta comparación de Malkuth
y de Tsedeq, o de la Realeza (el
gobierno del Mundo) y de la Justicia, se encuentra precisamente en el nombre de Melki-Tsedeq.
Aquí, se trata de la justicia distributiva y propiamente equilibrante, en
«la columna del medio» del Árbol sefirótico; hay que distinguirla de la
Justicia opuesta a la Misericordia e identificada con el Rigor, en la «columna
izquierda», pues son dos aspectos diferentes (y además, en hebreo hay dos
palabras para designarlos: la primera es Tsedaqah,
y la segunda es Din). El primero de
estos aspectos es la Justicia en su sentido más estricto y el más completo a
la vez, que esencialmente implica la idea de equilibrio o armonía, y ligada
indisolublemente a la Paz. Malkuth es
el «recipiente donde se reúnen las aguas que vienen del río de arriba, es
decir, todas las emanaciones (gracias o influencias espirituales) que derraman
abundancia» .
Las aguas que descienden de este «río de arriba» recuerdan extrañamente el
papel atribuido al río celestial Gangâ en
la tradición hindú, y podríamos también subrayar que Shakti,
del que Gangâ es un aspecto, no deja de ofrecer ciertas analogías
con la Shekinah, aunque no fuera más que en
razón de la función «providencial» que les es común. El recipiente de las
aguas celeltiales es idéntico al centro espiritual de nuestro mundo: de ahí
parten los cuatro ríos del Pardes, que se
dirigen hacia los cuatro puntos cardinales. Para los Judíos este centro
espiritual se identifica con el monte de Sión, al cual dan el nombre de «Corazón
del Mundo», por otro lado común a todas las «Tierras Santas», y que,
para ellos, se convierte así en cierto modo en el equivalente del Mêru
de los Hindúes o del Alborj de
los Persas.
«El Tabernáculo de la Santidad de Jehováh, la
Residencia de la Shekinah, es el Santo de los
Santos que es el corazón del templo, que es él mismo el centro de Sión
(Jerusalén), como la Santa Sión es el centro de la Tierra de Israel, tal como
la Tierra de Israel es el centro del mundo» .
Aún se pueden llevar las cosas más lejos no sólo en todo lo que se ha
enumerado aquí, tomándolo en el orden inverso, sino también tras el Tabernáculo
en el Templo, el Arca de la Alianza en el Tabernáculo y, en el Arca de la
Alianza misma, el lugar de la manifestación de la Shekinah
(entre los dos Kerubim), representan
como otras tantas aproximaciones sucesivas del «Polo
espiritual».
Es también de
esta forma como Dante presenta precisamente a Jerusalén como el «Polo
espiritual», tal como hemos tenido la ocasión de explicarlo en otro
lugar ;
pero esto, cuando se sale del punto de vista propiamente judaico, se torna ante
todo simbólico y ya no es una localización en el sentido estricto de esta
palabra. Todos los centros espirituales secundarios, constituidos como
adaptaciones de la tradición primordial a condiciones determinadas, son, como
ya lo hemos indicado, imágenes del centro supremo; Sión puede no ser en
realidad más que uno de esos centros secundarios, y sin embargo identificarse
simbólicamente con el centro supremo en virtud de esta similitud. Jerusalem es
efectivamente, como su nombre indica, una imagen de la verdadera Salem;
lo que hemos dicho y lo que diremos todavía de la «Tierra
Santa», que no es sólo la Tierra de Israel, permitirá comprenderlo sin
dificultad.
A propósito de
esto, otra expresión muy importante como sinónimo de «Tierra
Santa», es la de «Tierra de los Vivientes»:
designa manifiestamente a la «morada de inmortalidad»,
de manera que en su sentido propio y riguroso se aplica al Paraíso terrenal o a
sus equivalentes simbólicos, pero esta denominación también ha sido aplicada
a las «Tierras Santas» secundarias y especialmente a la Tierra de
Israel. Se dice que «la Tierra de los Vivos comprende siete tierras», y
P. VuIliaud señala respecto a esto que «esta tierra es Canaán en la que
había siete pueblos» .
Sin duda, es exacto en un sentido literal: pero, simbólicamente estas siete
tierras podrían muy bien, tal como las que se tratan por otro lado en la
tradición islámica, corresponder a los siete dwîpas que,
según la tradición hindú, tienen a Mêru por
centro común, y sobre los cuales volveremos más adelante. Del mismo modo que
cuando los antiguos mundos, o las creaciones anteriores a la nuestra, son
simbolizados por los «siete reyes de Edom» (el número septenario se encuentra
aquí en relación con los siete «días» del Génesis), hay en ello una
semejanza mucho más chocante para no ser más que accidental, con las eras de
los siete Manúes contadas desde el comienzo
del kalpa hasta la época actual .
Según la tradición de los Persas, hubo dos clases de haoma: el
blanco, que no podía recogerse más que en la montaña sagrada a la que
llamaban Alborj, y el amarillo, que
reemplazó al primero cuando los antecesores de los iraníes abandonaron su
hábitat primitivo, pero que se perdió igualmente al cabo del tiempo. Se
trata de las fases sucesivas del oscurecimiento espiritual que se produjo
gradualmente a través de las diferentes épocas del ciclo humano.
Hay que señalar también que la misma raíz se halla en las palabras Islam
y moslim (musulmán); la «sumisión
a la voluntad divina (éste es el sentido de la palabra Islam) es la
condición necesaria de la paz»; la idea que aquí se expresa ha de
relacionarse con la del Dharma
hindú.
Ibidem. 7, 7.
Este significado podría resumirse en esta fórmula: «la fuerza al servicio
del derecho», si los modernos no hubiesen abusado demasiado de esto, tomándolo
en un sentido externo.
|