La Nueva Edad

Por el Dr. Serge Raynaud de la Ferrière

 


Una Nueva Era 

se prepara 

para la Tierra

 

    Desde hace algunas decenas de años, y más particularmente desde el fin de la última guerra mundial, una corriente de inquietud espiritual mueve el espíritu de los investigadores y los orienta en la dirección de los problemas humanos más agudos y más graves, a saber: valor y razón de la vida y de sus manifestaciones, cualesquiera que sean sus formas; valor y papel de la dignidad humana; estudio de las relaciones de los hombres entre sí; despertar de la inteligencia y del sentido ético, religioso y místico; dificultad y complicación creciente de la vida social y económica, su inestabilidad, y muchos otros problemas por lo demás vitales.

      Todos estos seres que hacen examen de conciencia se dan cuenta de que sufrimos una crisis en que el espíritu y su poder, en letargo en la mayor parte de los hombres, se despierta fuertemente en unos, más modestamente en otros, pero cada uno comprende que es en sí mismo en quien el problema tiene que resolverse, y que únicamente después de que cada uno haya realizado en sí y por sí la Verdad que presiente, estos grandes males que la humanidad sufre podrán ser aminorados y desaparecerán dentro de una comprensión total y un Amor desinteresado de los Seres pensantes, entre sí y para la creación entera.

     Ahora bien: este espíritu de investigación se manifiesta con más energía en la hora actual que en cualquier otra fecha desde hace 2000 años, porque la forma social y religiosa de nuestra civilización está envolviéndose en un vestido de corte y color hasta ahora desconocidos. 

La Historia de la Humanidad nos muestra que en cada ciclo la Verdad se nos manifiesta bajo una enseñanza de ritos y dogmas diferentes.  

 

Esquema del movimiento de trompo

terrestre y del punto vernal

      La sucesión de los ciclos corresponde al lento movimiento según el cual en el Equinoccio de Primavera el Sol se desplaza con relación al año precedente. Este fenómeno es bien conocido por los astrónomos y por todos aquellos que  han estudiado este tema denominado Precesión Equinoccial. Cada paso de un ciclo al siguiente determina un cambio en la forma de expresión de la religión, como ya se explicó anteriormente. [1]

     Se puede señalar que el ciclo del Toro (4320 a 2160 años antes de Cristo), estuvo caracterizado por la adoración del Toro como emblema de la Divinidad (Buey Apis, Becerro de Oro, Toro de los asirios, caldeos y cretenses) tanto totémico como en materia de sacrificios. [2] El ciclo del Cordero, que le sigue astronómicamente, [3] dio testimonio de la simbólica de este animal que volvemos a encontrar a todo lo largo del Antiguo Testamento (Libro del Éxodo, del Levítico, de los Números). La época que vio entrar el Sol en la constelación de los Peces, conoció la enseñanza de Jesús de Nazaret, el cual hace frecuentemente referencia a imágenes y parábolas que tienen relación con los peces (pesca milagrosa, primeros apóstoles pescadores, "yo os haré pescadores de hombres", etc.), y esto no escapaba a los primeros cristianos, que eran verdaderos Iniciados. Daban prueba de ello cuando dibujaban peces sobre los muros de las catacumbas y cuando representaban el Zodíaco y sus doce signos emblemáticos, lo que ha venido a convertirse en los rosetones de las catedrales.  

             La eclíptica

 

     Ahora, una vez más, el mundo está girando sobre sí mismo, y el Sol astronómicamente entra en la Constelación de Aquarius. [4]

     Desde el 21 de marzo de 1948 estamos, pues, en la Era del Aquarius, y esto se hace manifiesto por el cumplimiento de muchos signos anunciados por las Escrituras. Sin embargo, estos Grandes Períodos son semejantes a las estaciones en cuanto que su efecto no es de una delimitación matemática, pues astronómicamente la primavera principia cada 21 de marzo, aunque desde el comienzo de este mes hay ya días soleados y tibios, mientras que a veces después de esta fecha nieva y hiela todavía. De la misma manera, un influjo de espíritu acuariano semejante a una corriente de calor y de luz penetra en muchos espíritus, cuando el fenómeno astronómico no se ha cumplido aún; pero, por otra parte, aunque desde un punto de vista universal de la historia humana estamos ya en esta Nueva Edad, son numerosos los seres que todavía no han percibido el efecto.    

     Saber que una Nueva Era se prepara, y prepararse a sí mismos para recibirla, ¡es bueno! Además, es preciso conocer su mensaje y lo que ella nos aporta. El objeto de esta breve exposición no es desarrollar las enseñanzas que han permitido y permiten saber cuál es este mensaje, sino fijar, sin otra explicación por falta de tiempo y de espacio, ciertas ideas que flotan en las aspiraciones de muchos seres. Las gentes interesadas podrán seguir las charlas y conferencias y proveerse de las obras a este efecto. [5]  

Vamos a intentar en pocas palabras exponer lo más claramente posible lo que nos reserva la Edad del Aquarius.

Digamos primeramente que la mitología y la astrología religiosa representan al Signo del Aquarius por un joven de gran belleza, de nombre Ganímedes, que vierte en el cielo un cántaro de agua que fluye en dos chorros opuestos que se difunden a través del firmamento. La interpretación de esta figura se sitúa en el Zodíaco (en oposición al Signo del León); el símbolo del agua puede permitirnos decir que el Aguador nos aportará la realización de un Ideal de Justicia hacia el cual todas las formas religiosas han tendido en el curso de su enseñanza, cualesquiera sean los dogmas y los ritos, y hacia el cual toda alma aspira. Nos espera igualmente una Era de Universalidad. 

      Intentemos precisar este punto tan importante. Podemos pensar, apoyándonos en la astrología religiosa y en las profecías del Antiguo y Nuevo Testamento, que las individualidades y personalidades a las cuales estamos tan sujetos en todos los dominios, desaparecerán poco a poco para ceder su lugar a un estado de universalidad, en el cual los valores particulares de cada ser estarán a la disposición de todos. 

    La Era del Aguador estará caracterizada también por la abundancia; esta cualidad es, por otra parte, la dependencia directa e inmediata de la precedente. El hecho de verter en el cielo esta corriente luminosa, que según los simbolistas sería el origen de la Vía Láctea, es suficientemente explícito para que sea necesario insistir en la pureza de intenciones de este joven que tiene un Ánfora en los brazos (el Aguador, Aquarius). Este cáliz es la representación mística de los misioneros mismos, los cuales la llevarán como emblema sobre su pecho.

              

                 Representación del Santo Graal

    Las dos ondas representan también las dos polaridades necesarias en todas las cosas para que sean fecundas: Ciencia y Religión están así también representadas; si las ondas no se mezclan o confunden es para indicar que la Fe no se explica por el positivismo científico, y que en el análisis concreto no es necesario que intervenga la subjetividad. Uno y otro dominio pueden caminar a la par y como dos bandas paralelas. Estas facultades ofrecen al investigador todos los dominios deseables que provienen de la misma fuente, probando así esta Universalidad y Principio Único de Base.

     Es de gran importancia el hecho de que en el Zodíaco el Aguador sea un signo fijo [6], ya que ello indica una Era primordial a través de esta gran Historia Humana. Se sabe que los doce signos zodiacales se manifiestan sobre todo por 4 ternarios; estos cuatro puntos importantes del Zodíaco representan también los elementos (Fuego - Tierra - Agua y Aire).    

     Estas dos polaridades en el símbolo muestran de modo perfecto un equilibrio sobre las fuerzas en acción, tanto más cuanto que es la única figura del Hombre en el Zodíaco. (Los Gemelos son dos niños, y el Signo de la Virgen está representado naturalmente por una mujer). Lo que hace pensar inmediatamente en la profecía: Cuando veáis aparecer en el cielo el Signo del Hijo del Hombre... (Ver Mateo, capítulo XXIV, versículo 30, o Apocalipsis, capítulo III, versículo 12).

     Hemos señalado la oposición del Signo del León en el Zodíaco para quienes, conociendo el simbolismo planetario, están instruidos acerca del valor de esta posición: el León es el domicilio fijo del Sol, es decir, el Aguador es el único signo que recibe los influjos vitalizantes solares permanentemente, puesto que el astro rey está frente a su ventana brillando constantemente...  

 

El Cáliz Simbólico

 

     El Cáliz de que hemos hablado antes es el emblema de la Misión Aquarius, al mismo tiempo que el símbolo de toda la Era. Los Misioneros de esta Orden portan una especie de Cruz de Malta sobre la cual se lee el célebre axioma: SABER - QUERER - OSAR - CALLAR, que contiene grandes Verdades esotéricas; pueden verse, además, los 4 grandes símbolos de los signos fijos y el cáliz en forma de ánfora, en un círculo en medio de los 4 grandes brazos de la cruz, al que convergen rayos que son expresión del Cosmos que lo viene a vitalizar, y sobre el cual está el símbolo alquímico de la transmutación. [7]

     Los Misioneros de la Orden del Aquarius serán símbolos vivientes de esta transmutación, de esta elevación espiritual que permite colocarse por encima de todas las religiones, porque en el fondo la Verdad no pertenece más a una doctrina que a otra; ella es la pureza misma, que no tiene necesidad de defensa. Poco a poco estos Mensajeros de la Nueva Era aportarán al mundo las concepciones exentas de todo fanatismo; lentamente va a transformarse la manera de ver, y se adaptará al mecanismo social una manera diferente de trabajar, de juzgar y de vivir.    

     Además de estas transformaciones, los ciclos precedentes nos instruyen del hecho siguiente: cada vez que comenzó una Nueva Edad, correspondientemente se produjo un cambio en la forma religiosa, a base de una profunda transformación y adaptación de sus enseñanzas exotéricas al nuevo grado de evolución intelectual de los hombres. Desde hace algún tiempo esta transformación operada en las iglesias organizadas es evidente: cada una presenta una innovación, pues estamos muy lejos de la inmutabilidad proclamada tan frecuentemente en el curso de los siglos anteriores.

     También en cada ocasión se produjo un hecho capital, con una característica marcada, como ya lo hemos visto: las eras precedentes fueron siempre señaladas por un símbolo vivaz, una señal divina precisa. Esta vez el advenimiento central, del cual resultan todos los demás, es el advenimiento del Cristo Rey (el Avatar para los orientalistas), lo que se puede definir por la venida de un Gran Instructor de la Humanidad, un Enviado especial, tal como está anunciado por todas las Escrituras y profecías, y que debe reinar espiritualmente sobre la Tierra. [8]  

  Aunque pueda parecer muy extraño y muy poco accesible este mensaje para aquellos que carecen de preparación en la materia, es preciso tener confianza en su advenimiento, que se anuncia justamente por ciertos signos precursores del estado social, consecuencia directa del estado espiritual que se regeneró.

     Debemos conformarnos con citar algunos de estos signos, ya que el reducido marco de esta obra no nos permite, desgraciadamente, desarrollar con amplitud cada uno de estos puntos. Sin embargo, su enunciado puede inducir a las almas de buena voluntad a reflexionar, a meditar y a encontrar la palabra del Cristo: Buscad y hallaréis, que no es una palabra vana sino una realidad tangible, verificable diariamente.

     Volviendo a los signos precursores, podemos citar:

·  El Evangelio predicado por toda la Tierra. 

·  La apostasía de las Naciones. 

· La lucha antirreligiosa. [9]

     Todas estas cosas han sido anunciadas desde hace largo tiempo, y poco a poco se realizan las Santas Escrituras. Innecesario es comentar sobre la difusión de la Biblia, ya que ha sido traducida a 1035 idiomas diferentes. La lucha antirreligiosa tampoco requiere comentarios, y con respecto a lo demás, ocurre tal como está en las profecías universales, pues todos los síntomas que debían presentarse para preparar la Nueva Era no han faltado: tendencias a unir las sociedades de diferentes tipos, gran incremento de las relaciones internacionales, difusión del ocultismo, movimientos feministas, tentativas de acercamiento entre diversas religiones, etc., y otros tantos hechos que no se han realizado aún, y que están claramente mencionados en la Biblia.  

Todo este conjunto de datos que anuncian la Nueva Edad deja prever que un Instructor, un Inspirado, debe regir la conducta del mundo, viniendo a la Tierra para aportar el mensaje, así como ha ocurrido en cada período semejante, por lejano que se le considere en la Historia y cualesquiera sean los países que hayan sido la cuna de la evolución del momento. Buda para el Asia, Jesús para Europa, Mahoma para el África y, en el presente, el Hijo del Hombre para América. "Su venida será súbita" como dice la Biblia, y aún más: "Él pasará del Oriente al Occidente a modo de un relámpago..."

     La gran inquietud y el gran malestar contemporáneo son inequívocos; seamos dignos de la época en que nos ha tocado vivir. Se aproximan acontecimientos renovadores, y anhelamos para todos los Seres vivir en la PAZ del Señor.

[1] Nota de traducción: Véase el III Mensaje Los Misterios Revelados (Primera Parte, capítulo I, pág. 14 y siguientes), del mismo autor.

[2] Las corridas de toros en España y América del Sur son vestigios de estas doctrinas. La tauromaquia desaparecerá, como todas las prácticas de los tiempos pasados conservadas por algunos fanáticos.

[3] Al recorrer el Sol un signo cada 30 días  (del 21 se marzo al 20 del abril el signo del Cordero, del 21 de abril al 20 de mayo el signo del Toro, etc.), alcanza a cerrar el Zodíaco (12 signos) en un año. Pero en otro movimiento aparente (porque se sabe que el Sol está fijo en el centro del sistema, aunque relativamente también) retrograda cada 72 años un grado, es decir, cambia de signo hacia atrás, esta vez cada 2160 años (Gemini, Taurus, Aries, Piscis, etc.).

[4] Normalmente en la traducción de los signos hay que emplear el vocablo nacional: Cordero, Toro, Gemelos, Cangrejo, León, Virgen, Balanza, Escorpión, Centauro, etc., mientras que en el sentido retrogradado de las constelaciones se emplea el vocablo latino: Sagittarius, Scorpius, Libra, Virgo, Leo, Cancer, Gemini, Taurus, Aries, etc.

[5] El Maestre Habla, del V.S.A. Juan Víctor Mejías (un Discípulo del Venerable de la Ferrière), reproduce las principales conferencias que El Maestre dictó en New York. Asimismo, ver la Serie Grandes Mensajes.

[6] Los 4 signos fijos son aquellos en que se encuentran las estrellas regias y que simbolizan cada uno un cuarto del Zodíaco: entre el Cordero y los Gemelos está el Toro, que caracteriza lo mejor de esta parte zodiacal; lo mismo puede decirse del León, el Escorpión, y el Aguador.

[7] Ver el Mensaje III, Los Misterios Revelados, donde el símbolo de la Cruz Acuariana está detallado, lo mismo que los demás símbolos, gráficos, textos y esoterismos de toda clase.

[8] Está escrito en el Bhagavad Gita, este libro sagrado de la India, que en el curso de cada Era, cuando la degeneración humana hace necesarios acontecimientos de grandes consecuencias, entonces encarna el Alma Universal, aparece el Verbo Eternal, a fin de fijar las nuevas Vías y rehabilitar a la Humanidad. 

[ 9 ] Nota, ver: L´Ere du Versau, de Paul Le Cour (1871-1954), Dervy-Livres, 1972, París.

 

 

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Revisado: Wednesday, 15 de May de 2002 .