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Era
verdaderamente un santo; vivía solo en una humilde choza. Su vida era
sencilla, muy alejada de la pompa y la ostentación. Además nunca había
ansiado nombre ni fama.
Un día, dos
personas, una rica y otra pobre, se le acercaron para que él los iniciara.
"Señor somos buscadores de la verdad,
queremos ser tus discípulos.
Bendícenos con tú gracia".
"Yo no acepto a nadie como discípulo.
Uno debería mejor buscar su propio Ser.
Nadie sino el propio Ser es el verdadero
Gurú".
El rico dio
por sentado que el ermitaño no sabía nada del sendero espiritual y que
estaba incapacitado para guiar las almas de los aspirantes.
Por el
contrario, el pobre pensó que había encontrado la persona correcta y que
su vida y sus palabras valían la pena ser emuladas.
Después de un
par de años, los aspirantes volvieron a encontrarse.
El opulento
terminó por relatar como se había convertido en director de una
organización internacional, dirigida por su famoso Gurú.
-"Pero ¿has obtenido la emancipación? ¿Has
realizado a tu Ser?", le preguntó el pobre.
-"Yo no me preocupo por todas esas cosas. Mi
Gurú me ha dicho que aquél que tiene fe en él y trabaja para su misión no
necesita tener más aspiración que esa".
-"¿Saliste de tu casa con esa meta en mente?
¿No podías dirigir un negocio allí mismo?
¿Entonces para que todas estas molestias?
Habiendo abandonado a todos tus seres
cercanos y amados
¿Quieres enredarte en un nuevo mundo?
No seas tonto. No caigas en ninguna trampa.
Misión o no misión, Gurú o no Gurú,
Moksha la liberación debe ser tu
preocupación principal".
-"¿Qué debo hacer ahora?"
-"Vuelve con el gran hombre que te aconsejo
buscar al Ser".
-"Pero él no acepta a nadie como discípulo".
-"Sólo aquél que no te toma como discípulo
sino que te enseña el sendero hacia la realización del Ser puede ser tú
Gurú.
Yo he roto mis cadenas mediante su gracia;
ve y haz tal como él te diga".
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