El SALUDO AQUARIANO DE PAX

                                                                                  por Antonio Henriques  


             Cuando surge la guerra, como compensación se hace presente la defensa de la paz. Y hoy, más que nunca, esta defensa se hace necesaria, debido al gran número de discursos a favor de la guerra. Después de los atentados terroristas que han destruido las torres gemelas del WTC y el envío de bacterias Ántrax por correo, estamos asistiendo al surgimiento de un tipo distinto de guerra, lo que, necesariamente, nos hace pensar en la necesidad, también, de un tipo distinto de paz.    

Antes de estos hechos, la visión del hombre sobre la guerra había cambiado, pues masacrar y saquear al vencido, o practicar anatema sobre los humanos sobrevivientes, animales o vegetales, o aún derrotar para ejercer la hegemonía, son inquietudes superadas. Después de la primera bomba atómica, un hongo nuclear fue colgado sobre nuestras cabezas, todos nosotros podríamos desaparecer repentinamente y esto era algo nuevo.  

En aquella época, el miedo condicionaba los conflictos al uso de armas convencionales, no obstante el crecimiento de modo aterrador, en este período, de arsenales atómicos, químicos y biológicos. Pero el fin de la guerra fría y la extinción de la URSS han puesto un punto final sobre el riesgo de conflagración atómica global, de una 3ª guerra mundial que apuntaría para una 4ª guerra hecha solo con palos y piedras. 

Extinta la URSS, estos arsenales se quedaron huérfanos de controles rígidos de seguridad; países periféricos han tenido acceso a la tecnología nuclear y han construido sus bombas.

            Hoy, menos armas, con mayor poder de destrucción, están en las manos de más países y de guerreros menos calificados moral y técnicamente, consecuentemente, hay un peligro inconmensurablemente mayor en el aire. 

Se pueden construir bombas caseras, bandos terroristas pueden apoyarse de artefactos nucleares, armas químicas y bacteriológicas (como ya lo han hecho), guerras civiles pueden colocar en riesgo a los grandes arsenales y técnicos en destrucción desempleados están aptos a trabajar por algunas migajas de sueldo para los locos, sin hablar de los fanáticos terroristas suicidas, todos construyendo el caos y edificando la muerte. 

El hombre tiene en sí mismo, tanto la agresividad como la mansedumbre, y no hay hormona o psicólogo que explique esto. Decir que la frustración, la carencia afectiva y la pérdida de un espacio propio sean factores que tornan al hombre agresivo también no resuelve el asunto, pues tales cosas influyen sin determinar. 

Sabemos que los animales solo luchan en una misma especie por territorio o hembras, y nunca hasta la muerte, porque en el reino animal, los conflictos son, en general, ritualizados. El hombre, por ser un animal social, hace la guerra; pero existen grupos humanos que la desconocen, lo que hace de la paz algo tan natural e innato en cuanto a la violencia. 

Los estudios de los instintos en el hombre demuestran que la lucha por la supervivencia es de la especie y no del individuo, y que el más apto no es necesariamente el más fuerte, no es obligatoriamente el que se opone a los otros y al medio ambiente, puede muy bien ser aquel que coopera, auxilia, ayuda. Aun cuando percibimos relaciones entre frustración y agresividad, nada nos permite inferir de esto, conclusiones que expliquen conductas colectivas como la guerra. 

Estoy convencido de que la guerra es un fenómeno cultural, ella no es universal, podemos llevar individuos a conductas agresivas o pacíficas a través de la educación y de alteraciones químicas o físicas del cerebro. Así, es necesario dar a conocer que las guerras comienzan en la mente y, por lo tanto, es allí donde necesitan ser erradicadas. La guerra es una acción organizada y racional del campo político, no la sencilla expresión de la irracionalidad agresiva del instinto de supervivencia. Está más asociada al deseo o necesidad de profundos cambios (o no cambios) en las fuerzas productivas de un pueblo, que a las consideraciones filosóficas o psicológicas inherentes al modo de ser de los individuos o del mismo hombre. Por esto, además de la especie humana, solamente los insectos sociales logran hacer la guerra, porque son los únicos, fuera de nosotros, capaces de acumular riquezas y, quien sabe, abstraer y simbolizar sus necesidades. 

La Paz del Individuo será la Paz del Mundo

En cualquier sociedad, los grupos dominantes usan la violencia y la guerra, como un medio de obtener poder, prestigio y lucro, se rigen por intereses mezquinos y egoístas. Las potencias militares guerrean para mantener su hegemonía, pero usando una parte de su poder de fuego, de modo que buscan la estabilidad del estado de guerra y la permanente acumulación de sus riquezas en una economía calentada por la industria bélica. Dicen los beligerantes que la industria de las armas proporciona empleo y sueldo a asalariados que consumen otros productos encendiendo la economía como un todo. Para ellos, la guerra prueba nuevos productos, destruye el exceso de producción industrial y, cuando ocurre lejos de las fronteras nacionales, mata apenas aquellos que “merecen morir”. Son hipócritas tales argumentos, pues hoy el poder económico no está mas asociado al poderío militar, el poderío bélico, es inútil en términos de lo cotidiano de las poblaciones y no significan riqueza personal. En promedio, el dinero gastado en dos semanas en armamentos en el mundo, seria  suficiente para abastecer de comida, morada, agua y educación para toda la población del planeta por un año.  

Cuando la propaganda intenta transformar las guerras en una fuente de emociones fuertes y en un lugar de heroísmo, en el que la vida pasa a ser vivida con una intensidad singular, donde la monotonía y el cansancio dejan de existir; no llega a mentir, sino simplemente dejó de decir toda la verdad.           

A través de la guerra, nuestra humanidad se agota y la barbarie renace a través de la flaqueza de la moralidad, y el odio crea en nosotros raíces de dolor que nos ahogan y asfixian. Ninguna experiencia de guerra vale su trauma, ningún lucro económico puede exigir racionalmente un precio tan alto. 

            Las guerras no pasan del frío asesinato de inocentes, pues exigen del pueblo mayores sacrificios y sufrimientos, en ellas hasta la misma victoria tiene un sabor de derrota. Toda guerra es inmoral, injusta y anti-pueblo, aun cuando sea inevitable o cuando el belicismo adquiere legitimación a través del apoyo popular. 

            La Gran Fraternidad Universal – G.F.U., fundada por el francés Serge Raynaud de la Ferrière, trae en su nombre la idea de fraternidad, por lo tanto, de una visión de hermandad entre todos los hombres y pueblos. Entre sus principios, encontramos la tolerancia, la verdad y la paz. Tolerancia es la base del amor, porque podemos tolerar a quien no logramos amar, así como la paz es constructora de la verdad; como afirmaba Gandhi, la victoria siempre se inclina, tarde o temprano, para el lado de quien está con la verdad, siempre que la lucha sea emprendida de un modo no-violento. En otras palabras, la paz no es pasividad y ociosidad, ella es una lucha que se da por etapas, hasta que se haga una presencia constante de roca en nuestros corazones. 

            Decía Gandhi que el verdadero heroísmo está en el coraje de no temer la muerte, es lo que encontramos en quien está listo para morir y no para matar. No está en aquel que muere matando a los demás, o como ahora en los actos terroristas, que mueren matando a los demás y a sí mismos. Así, no es por miedo de la guerra o de la muerte que nos tornamos pacifistas y ecologistas, sino por amor a la vida y a la naturaleza. 

            La paz del individuo es la paz del mundo, afirmamos durante nuestras prácticas meditativas, en la GFU, porque sabemos que no podrá haber paz en el mundo mientras no haya paz en nuestras propias mentes. Así, al trabajar por la paz subjetiva, también estamos contribuyendo para la paz universal. Queremos hacer de la paz una realidad palpable dentro de nosotros y a nuestro alrededor, a través de nuestros actos. Como dice el Maestre de la Ferrière: aun cuando no podemos estar siempre alegres, podemos estar siempre en paz. 

            Estamos en la Era de Aquarius, que es un signo de intelectualidad y saber, característica que marca este tiempo de globalización. Pero Aquarius también es un signo de paralelismo, igualdad y ausencia de conflictos, lo que nos falta construir. La globalización necesita ser lograda de un modo  que aproxime a ricos y a pobres, a sanar los grandes problemas sociales del mundo; pues en un planeta sin profundas distinciones sociales y económicas, seguramente las diferencias culturales sabrán dialogar más y convivir en paz.

             El nuevo panorama mundial surgido de la tragedia del WTC apunta para algunas perspectivas positivas: el surgimiento de un Estado Palestino en Oriente Medio, respetando el derecho de Israel de continuar existiendo; fin de los proteccionismos económicos que impiden a la globalización el llevar riqueza a los paises pobres; aproximación de Rusia a los valores de la cultura occidental; eliminación de los arsenales de armas biológicas y químicas y reducción de los arsenales atómicos. Pero faltará todavía que el mundo islámico haga aflorar la fase humanista y auténticamente religiosa del Islam, tan bien expresada en la afirmación de Mohiddin Ibn Arabi:

         “Mi corazón se tornó capaz de todas las formas, es pasto para las gacelas, convento para los monjes cristianos, templo para los ídolos, la Kabba del peregrino, las tablas de la Ley (mosaica) y el Libro del Corán. Mi religión es la religión del amor, sea cuál sea el camino que los camellos escojan, esta es mi religión y mi Fe.”

             El Maestre de la Ferrière enseñó que “es preciso poner más religión en la ciencia y más ciencia en la religión”, de modo que pueda aflorar el Hombre de la Nueva Era (el hombre trascendental), poseedor de la fe de un cristiano, la sabiduría de un taoísta, la rectitud de un budista y la disciplina de un musulmán; aquel que hiciese una síntesis de todas estas concepciones.   

La Nueva Era del Aquarius inició el 21 de marzo de 1948.    

Él mismo vivió esta síntesis de hombre universal: fue un cristiano abnegado de educación católica, un hinduista iluminado que subió al Monte Kailas y peregrinó al Kumbha Mela hindú, un budista que visitó Lhassa, la ciudad sagrada del Tíbet, pero también fue un musulmán que peregrinó a la Meca en el Ramadán. Por fin, el Maestre de la Ferrière encarnó al Hombre Acuariano, aquel que une en un todo ecuménico las tres grandes tradiciones occidentales (Judaísmo, Cristianismo e Islamismo), aproximándose también a las tradiciones orientales. Y no habrá futuro y paz si el hombre no aprende a cultivar al Dios Vivo en la armonía de todas las religiones y pueblos. De allí nuestro saludo Iniciático de:

¡PAX!

Antonio Renato Henriques  

arenatoh@terra.com.br 

 

 

 

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Revisado: Wednesday, 19 de June de 2002 .