Sun Wu Kung

El Más Digno Maestre Sun Wu Kung

El Muy Digno Maestre 
''Aquel que por la reflexión penetra en la Vida"

 

 

Un Maestro errante
Un Sabio, un Gurú, 
un encuentro...

por Sergio Beùcler

     "En cuanto a mí, yo vivo por cortesía"

"Mi fe en la dignidad humana hunde sus raíces en la creencia que el hombre, sobre esta tierra, es sobre todo un vagabundo y no un soldado obediente, disciplinado, regimentado.   El vagabundo es probablemente la clase humana más gloriosa, como el soldado es la más baja.   En una época llena de amenazas a la democracia y a la libertad individual, es probable que solo el vagabundo sea el último y el más temible enemigo de los dictadores, el campeón de la dignidad humana, la última resistencia. La civilización moderna reposa totalmente en él".

     Sun Wu Kung no amaba mucho a Lin Yutang. El estimaba que ese chino exhalaba algo de americano. Sin embargo había cerrado sus ojos escuchando leer el texto que yo había copiado para él, mientras aparentaba interesarle.
Sun Wu Kung probablemente no era chino, pero era para nosotros (para mí y aquellos amigos que lo han conocido, y sin duda, numerosos otros que no me he cruzado) el Chino, el sabio oriental que uno sueña encontrar por lo menos una vez, le decimos: el Gurú.

     Creo que no es indecente que de testimonio ahora.  No soy en ningún caso el vehículo de un mensaje, ni de un testamento, y estas líneas no me comprometen más que a mi mismo.   Les diré, no describen más que el pensamiento o la acción de Sun Wu Kung a través de lo que he recogido.  Soy un ecran, un filtro que recurre probablemente lo esencial de su personaje.

     Sun Wu Kung hablaba a cada uno un lenguaje diferente, sus actos eran directos y para uso "estrictamente personal" como una tarjeta de crédito.    El escogía para mí las palabras, los textos, un humor que se ajustaba a mí y no a él.    A él nada le ajustaba.

     Yo encontré a ese personaje al que los parisienses de Montparnasse lo recuerdan tal vez como un vagabundo inofensivo, en circunstancias que no pensé tan determinantes.

     Era el 29 de febrero de 1956. Yo comía con uno de mis mejores amigos, Robert J. Godet, del que Plànete ha hecho recuerdo.

     Robert me dice bruscamente:

     Tú no tienes forzosamente que ir a la India para encontrar un Gurú, y puesto que pareces interesado, te voy a presentar pronto un Viejo Sabio que ha venido del Tíbet especialmente para ti.


Algunos rastros de Sun.

     Los primeros rastros de Sun que uno puede encontrar, se remontan al 23 de Junio de 1930 fecha en la cual él entra por un mes a la prisión de sanidad para vagabundos.
     Se sabe también que él fue expulsado de Italia en 1925 y de Suiza en 1928.
     Bajo amenaza de expulsión en octubre de 1930, no deja Francia, y por temor utiliza algunas veces una estrategia simple, escribe su nombre diferente cada vez. En 1939 es arrestado como sospechoso de comunista, su amenaza de expulsión fue anulada en 1947 Gracias a una feliz intervención que lo presenta como erudito budista estudioso del simbolismo de los ideogramas de la cosmogonía china.
     Yo esperaba cualquier cosa de parte de Robert, bromas así como milagros. Algunos minutos más tarde paró su carro delante de las gradas de la biblioteca Santa Genoveva. Eran la 21.30 horas.
     No hay más que esperar, me dijo apagando el contacto.
     Luego vi descender hacia nosotros un soberbio patriarca de barba blanca y largos cabellos. Durante los años 50, los cabellos largos no eran muy frecuentes como para no llamar la atención.
     Pasamos la noche juntos con Godet, después en mi casa, rodeados de innumerables tazas de café. Robert y yo hablábamos sin fin. Sun Wu Kung pronunciaba enérgico algunas palabras. En el ascensor traté de forzar su silencio y de resolver en 3 pisos mi problema.

     Sun porque yo vivo?
     "No hay respuesta porque no hay pregunta. Su café estuvo excelente. Me gustaría regresar."
     Cuando usted desee, pero...
     "La respuesta siempre ha preexistido a todas las preguntas. Es el proceso inverso que crea la condición humana. ¿Es así que usted juega al ajedrez?
Hasta luego."


     El 13 de Marzo a las 22 horas, abrí la puerta de mi casa sorprendido por el timbre. Sun Wu Kung estaba allí llevando bajo su brazo un tablero de ajedrez plegable, de piezas españolas, y dos periódicos rusos Krokodil y Ogonick.

     Nuestra segunda conversación se realizó en ruso, que él hablaba enérgico y hábilmente, pero con un acento extranjero. Después de verme reclamó el café y me tendió un pedazo de papel manuscrito en mayúsculas:

DESEAR ALGUNA COSA ES ACEPTAR QUE UNO NO LA TIENE
     TENER NO ES QUERER, 

TODO ESTÁ PRESENTE COMO CONSECUENCIA CONSTANTE.
USTED ES AQUELLO QUE LE PARECE QUE ES BUENO.

     Al término de un partido de ajedrez él me dijo:

"Nada le es inaccesible puesto que nada no es."

     Se fue bastante tarde. Regresó sin avisar el 19 a las 7 de la mañana, un libro bajo el brazo, una lupa en el bolsillo (tenía la coquetería de leer sin anteojos), un nuevo trozo de papel en la mano:

LA LENGUA FRANCESA ES COMO UNA FARMACIA, LLENA DE LINDOS
FRASCOS, CON ETIQUETAS POR TODAS PARTES, ESO ES GRAVE.

     Nos perdimos de vista hasta 1961.
     Como todos sus amigos, yo me hacía mil preguntas sobre este personaje excepcional, sin domicilio, sin recursos, sin ataduras, que hablaba poco, más cuya presencia era resplandeciente. No tenía más datos de éste sujeto que lo dicho por Robert Godet que lo frecuentaba desde hace tiempo. Los únicos testimonios publicados que yo conocía sobre Sun, eran dos párrafos de un libro de Robert:

     Yo me he labrado con Szoun-Wou-Koungh-Lao-Ye-Tao-Cheu. Mi amigo Szoun paseaba su silueta de Leonardo Da Vinci en harapos desde su nacimiento en   Hyachgar, en el Turkestán chino.....

"El camino más corto que conduce a sí mismo es la vuelta al mundo" Decía él sentenciosamente.
Siento que yo voy a hacer un pequeño viaje, Szoun.

"¿Ah? Hazlo... yo le aconsejo el Turkestán."

     Eran las 2:30 de la mañana y ese bar ahumado, repleto de negros mentirosos, de americanos borrachos, de estudiantes en quiebra y aprendices surrealistas o escritores, servían de marco a nuestros pensamientos. El gramófono automático Wurlitzer, "la marca que significa música para millones", como lo indica la propaganda pintada en dorado, nos inunda de blues y de congas.

"¿Dios existe Szoun?
  - No
¿Cómo?
Usted existe -Y, ¿bien? Deme una bocanada por favor...  Gracias... Dios no existe. Dios ES."

     Y mientras la Wurlitzer se pone a chillar en español, Szoun me da uno de sus pequeños papeles donde yo descifro, escrito en letras de imprenta, la siguiente fórmula:

 "SÓLO UN CHOHAN PUEDE RECONOCER A OTRO CHOHAN
CUANDO SUS CAMINOS EN LA VIDA SE CRUZAN.
CONCLUSIÓN: HAY QUE VOLVERSE UN CHOHAN.

     TAMBIÉN... AQUEL QUE MÁS APLICA LA CONJUGACIÓN DEL VERBO
SER QUE DEL VERBO TENER, SE VOLVERÁ: UN CHOHAN!

     Desde un punto de vista anecdótico, estoy seguro, que el nombre mismo de Sun Wu Kung no resiste a la burla. Es como si un francés pretendiera llamarse Pantagruel. Sun Wu Kung es el remedo del nombre Pelerin, héroe de una maravillosa novela de la China del siglo XVI: Si-Yeou-Ki.
     Sun casi nunca evocaba recuerdos. Por confrontación, algunos de nosotros llegamos a reconstruir, que él había vivido mucho en Italia de donde fue expulsado, que había sido internado durante la guerra en un campo cerca de Tolousse, que él había conocido a Arthur Koertler.
     A él le parecía haber frecuentado hace mucho tiempo a Giovanni Papini y Knut Hamsung. En tiempos más antiguos aún, había sido criado en un convento tibetano.
     Era titular de una tarjeta verde de residente ordinario. La perdía regularmente, y cada uno de nosotros tuvimos la oportunidad de ayudarlo a renovar en la Administración.

     Esta tarjeta señalaba como fecha de nacimiento el 23 de Marzo de 1875, y como origen el Turkestán chino.
     Su cara mostraba su edad, sus ojos azules mostraban su origen impreciso, su conocimiento práctico de 7 ú 8 idiomas mantenían la confusión, el vigor y la agilidad de su cuerpo completaban el desconcierto de la curiosidad. En el plano físico era un caso.

     Era muy estricto vegetariano, raramente bebía sólo café, fumaba bastante y desalentaba a los mejores caminantes. Hacía seguido caminatas tales como de Cannes a Niza a pie, despidiendo con gentileza a los automovilistas amables que frenaban a su costado sin que él haga jamás un gesto para que paren.
     Un día en 1959, emprendió a practicar vuelo, a pesar de su edad, se instaló en el aeródromo de Vimory. Él dormía en una carpa individual cerca de los hangares y volaba regularmente con los miembros del aeroclub. 

     He dicho que él hablaba poco. Él componía en la necesidad de cada uno de nosotros, en pedazos de papel escritos en letras mayúsculas, y que contenían una cita, identificada o no, que él pensaba o sabía nos convenía. Prestaba libros a unos para dárselos a otros.
     El único placer que uno podía darle -aparte del café- era pasearlo en carro. Recorrimos juntos Francia. Misteriosamente él conocía todo el mundo. En Digne, él me mandó donde Alexandra David Neel, en Grasse me conduce donde Isha Schwaller de Lubicz, en Grenoble a una boite donde lo reciben como un viejo tío, en Estrasburgo donde un tallador.
     En París exploramos juntos los restaurantes exóticos, frecuentábamos el cine, el museo Guimet, los vendedores de libros, las salas de judo.
Terminábamos regularmente en Falstaff, calle Montparnasse o el maravilloso Marios tratando a Sun como a un príncipe de leyenda. Jugábamos también largos partidos de ajedrez y encontrábamos amigos hoy muertos o dispersos: Robert Godet, Yves Klein, Andralis, Herman Togonal, Mao Ping, Jean Falloux.

     No había duda que Sun nos había impresionado a todos profundamente, sin jamás enseñar o imponer nada. Sus pedazos de papel, sus cortas frases, sus raras cartas, sus largos silencios, su sonrisa hasta en los ojos, hacían de este vagabundo un gran Maestro. Sin embargo él detestaba esa palabra, y yo lo he escuchado varias veces refunfuñar después de que Robert le llamara Tao-Tchu.
     Yo, como todos nosotros, no he cosechado más que fragmentos de frases o dichos que me han penetrado lentamente y que han expandido en mí aquello mejor que yo tenía, no solamente del alma, sino también de cultura. Antes me preocupaba de la semántica, Sun me ha desacondicionado del idioma.

     Un día después de una lectura de Suzuki, yo le había recordado a Sun un "koan" que me había impresionado, más o menos en estos términos:
     Un maestro Zen llama a un Discípulo, y para calibrarlo le pregunta sorpresivamente:
     "Que es el Zen?", Después de una gran concentración el discípulo responde a su maestro: "Es el Zen!".
Yo encontraba tan admirable esta anécdota, que reflejaba para mi el espíritu mas puro de Tao y de Tchan.
     Después de un silencio bastante pesado, Sun me aprieta el brazo y me dice:

     "Esta historia está incompleta, yo te la voy a contar seriamente: Un maestro Zen llama a su discípulo y para calibrarlo le pregunta sorpresivamente: Qué es el Zen? Después de una gran concentración el discípulo pensando reflejar el más puro espíritu de Tao y de Tchan, responde al maestro: Es el Zen!. El maestro mira tristemente al discípulo y le dice: Charlatán!"

     Sun, si hablaba poco, leía mucho y de todo. Uno lo encontraba seguido en Falstaff o alrededores, reclinado sobre un periódico o un libro, una lupa en la mano. Copiaba frases y algunas veces páginas enteras que repartía a los que le rodeaban. Yo he cogido algunos de esos recortes.
     El pensamiento de Sun o tal vez su voluntad de no-mental, estaba muy próximo al budismo Zen. Su tema más común era poner en duda la comunicación del lenguaje, de ideas recibidas, y escarbar aquello que él llamaba
"nomenclaturas". Él se empeñaba en demoler nuestras percepciones más corrientes. Pretendía que toda la sabiduría estaba incluida en la corta frase sánscrita: TAT TWAM ASI AUM (esto es tú mismo).

     Él pretendía que la iluminación no era un fin y que ella era dada a todos, que toda religión, toda secta, toda escuela, no es más que la ilusión de un camino; tienen rigidez, un poste indicador tan inútil como confuso.  Que todo radica en una simple inclinación de la conciencia, y que en el fondo de todo es suficiente simplemente darse cuenta, ver sin lentes. Le he escuchado también decir:

     "El concepto "libertad", es producto de la conciencia por lo tanto un complejo de inferioridad. Un espíritu "liberado" no puede alentar tal concepto".

     Contrariamente a su apariencia, él esperaba de nosotros una fuerte disciplina intelectual y física. Yo tuve que comprender poco a poco que, como ha dicho con satisfacción Jean Greniere, "todo hombre debe buscar una vida a su medida, y cuando la haya encontrado, rechazarla, porque no hay vida a su medida".
     Por lo tanto uno, mientras, debe buscar una vida a su medida.

     Un hombre encasillándose en un sistema, razona, piensa y discute con las razones, los pensamientos, los deseos y las normas inmanentes al sistema.
     Tiene entonces razón y por otro lado la perpetua tentación de darse razón. De la misma forma su interlocutor.
     Y por lo tanto cómo van a tener ellos razón mientras no salgan de sus sistemas?  Y por qué dejarlos? Y por qué sabrán ellos que vale la pena dejarlos?
     Hasta que sepan que hay que salirse, ellos viven en dos planos: el del sistema y aquel de ausencia de sistema.
     Esto es doloroso. Hasta que uno haya salido del sistema, uno vive indiferentemente en el sistema o alrededor de él. Recién entonces se habrá triunfado.
     El libro que Sun prefería y hacía releer a todo el mundo, era el Si-Yeou-Ki, el mono peregrino (he dicho que de allí él había escogido su nombre). Este copioso cuento contenía un anécdota que era su preferido, y que les voy a citar:

     "Mientras que Tripitaka y Si-Jeou-Ki se van a lamentar donde Budha acerca de las escrituras que les han confiado Ananda y Kacyapa, que son rollos de papel en blanco, el Budha les dice:
     De hecho es precisamente en esos rollos vírgenes que se encuentran las verdaderas Escrituras... pero estoy seguro que la gente de china es muy demente e ignorante para comprender tal verdad.
     Entonces no había nada que hacer más que darles los rollos con alguna cosa escrita encima."

     Robert Godet que había estado profundamente impresionado por frecuentar a Gurdjieff, me contó que en 1948 él propició un encuentro de los 2 hombres.
Yo le pregunté con ávida curiosidad, cuál pudo haber sido su conversación? Ante mi estupefacción, me contestó que ellos no intercambiaron ninguna palabra.
     Volviéndome hacia Sun le pregunté cómo había sido eso posible? Y Sun respondió simplemente:
"¿Es que uno le habla a un espejo?"

     Al comienzo de 1961, Sun desapareció un buen tiempo, después reapareció para decirnos que él no quería quedarse más en Europa, que no nos era de ninguna utilidad y deseaba irse a Islandia. Esta elección nos sorprendió a todos y nos desoló. De pronto pudimos apreciar todo lo que le debíamos y como necesitábamos de él.
     Comprendimos también que él tenía su propia carga de caballero errante a asumir, él no nos pertenecía, ni podíamos frenarlo ni interrumpirlo, que la vulgaridad de los obstáculos geográficos o administrativos entorpecían su destino.

     - "Cuando ustedes no me vean más, ustedes me inventarán", nos decía él.

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El Digno Maestre S.W.K. fue preceptor espiritual 

del Dr. R. de la Ferrière y fue determinante para 

cumplir su Misión en América. (Nota del Webmaster)

   Llegó efectivamente a Islandia el 29 de Diciembre de 1961, vía Amsterdam. Yo recibí 3 cartas, después nada más hasta Setiembre de 1963 donde supe con estupor que Sun Wu Kung había sido hospitalizado en Reykiavik debido a un ataque de hemiplegía del costado derecho (con afasia). En 1964, una respuesta a un pedido de noticias, me informó que Sun había dejado el hospital sin dejar dirección y sin restablecerse, cosa que no me asombraba, pero sin embargo inquieto de saberlo mal y con la incomodidad de usar muletas. Esas fueron las últimas noticias que yo recibí.

     En 1970, en ocasión de un viaje profesional a Islandia, me propuse encontrar los rastros de Sun. Se hizo muy rápido. Todo Reykiavik se acordaba de él, en primer lugar el guía-intérprete Brynjar Viborg, me puso en contacto con Sigvalkdi Hjslmarsson, jefe del centro teosófico de Islandia (cuarto centro teosófico del mundo efectivamente!). Es de su boca que supe la muerte de Sun, ocurrida en Mayo de 1966.
     Me sentí tan mal de aceptar la idea, que busqué su tumba en el cementerio del extremo del mundo. Sólo un arbusto indicaba el sitio 52 del la 25 de la sección K. Arrancando 3 ramitas, perdí definitivamente la esperanza de volver a ver físicamente a mi Viejo Maestro.

     Sí, yo encontré un Gurú en pleno París. Me costó unos años darme cuenta. Aprendí de él la "fórmula". El no me dijo nada de ella. Hablamos, vaticinamos y vivimos juntos. Su silencio terminó por aclararme. La ausencia de signos era el signo.
     Cada hombre está solo y es de su propia conciencia que debe nacer, que puede nacer la verdad y la libertad.

      Quien era Sun Wu Kung, en éste sentido, no tiene ninguna importancia.


REVISTA Francesa: PLANETE - N° 23
Páginas 131 a 139

 

 

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Revisado: Sunday, 02 de June de 2002 .